Publicado originalmente por Vectors of Mind.


Indígena hopi con vestimenta ceremonial hace girar una bramadera decorada con una serpiente
Indígena hopi con vestimenta ceremonial hace girar una bramadera decorada con una serpiente

«Creo que ningún etnomusicólogo aceptaría la poligénesis en lo que respecta a las bramaderas, que incluso en sus detalles decorativos suelen ser semejantes y se utilizan con el mismo propósito allí donde y cuandoquiera que se encuentren». ~Jaap Kunst, 1960

La bramadera no parece gran cosa. Es tan solo una tablilla de madera o hueso atada a una cuerda que luego se hace girar para producir un «bramido».1 Pero estudiar la bramadera es contemplar la historia del ser humano, desde los comienzos de la expresión religiosa en la Edad de Hielo hasta los cultos mistéricos de los antiguos griegos y los caníbales primitivos por igual2.

Esto es razón suficiente para emprender el estudio, pero también nos ofrece una perspectiva de la historia de la antropología. El campo se fundó como la investigación científica de quiénes somos y de dónde venimos. En los siglos XIX y XX, una pregunta central era si las culturas alejadas entre sí estaban conectadas en un pasado remoto o, más bien, si sus semejanzas se debían a la «unidad psíquica de la humanidad». La bramadera fue un artefacto fundamental en este debate, pues fue estudiada en más de 100 culturas distintas de todo el mundo por investigadores de todas las tendencias ideológicas. Existía —y existe— acuerdo en que se utiliza de maneras sorprendentemente semejantes. En todo el mundo, la bramadera recibe el nombre de voz de dios o es cognada con el nombre del primer antepasado, o simplemente con «alma». Se dice que fue inventada por mujeres a las que ahora se prohíbe verla o escucharla, bajo pena de muerte. O bien, como suele suceder en sociedades más complejas, se la recuerda como algo espiritualmente significativo en el mito, pero se ha secularizado y se utiliza únicamente como juguete infantil.

A pesar de todo esto, la bramadera ha sido olvidada en gran medida. El diccionario define primitivo como «relativo a, que denota o que conserva el carácter de una etapa temprana en el desarrollo evolutivo o histórico de algo». Los animales no tienen lenguaje ni mitos de creación, así que en algún momento los seres humanos debieron de haber vivido en una cultura primitiva: fueron las primeras personas en enfrentarse con su mortalidad, las ideas abstractas y el mundo espiritual. La misión fundacional de la antropología consistía en comprender esas primeras incursiones en la condición humana y cómo esas ideas fundacionales evolucionaron hasta convertirse en las innumerables culturas actuales. En las últimas décadas, los antropólogos han abdicado de esta búsqueda debido a lo problemáticas que resultan las ideas de progreso y primitivo para el ethos dominante. Si las sociedades pueden progresar, ¿significa eso que unas son mejores que otras? Es más fácil apartar la mirada que intentar explicar la bramadera, quiénes somos o de dónde venimos.

Mi respuesta a la brecha de 100,000 años entre los seres humanos modernos y la cultura humana moderna es que ideas psicoculturales fundamentales como «yo soy» o dios pudieron haberse difundido por todo el mundo hace unos 15,000 años. Si fuera cierto, lo sé, sería algo enorme. Sin embargo, investigar esta hipótesis me condujo a un debate curioso, que abarca un siglo y que aún continúa. La información más accesible sobre la difusión cultural es producida por quienes buscan la Atlántida o algo semejante. Sus pruebas suelen consistir en algo como los «bolsos de hombre» asociados con los portadores de la civilización y tallados en los pilares de Göbekli Tepe, los templos de Sumeria y las pirámides de Mesoamérica.

Imagen de La bramadera: historia del objeto ritual más sagrado del ser humano

Ahora bien, esto no deja de ser una prueba. Pero es una prueba bastante débil. Los bolsos son útiles, y la física de sostener algo en la mano sugiere cierta forma. Que un bolso aparezca con frecuencia en los mitos fundacionales del mundo es quizá el hallazgo número 100 en orden de lo sorprendente dentro de la mitología comparada. Aun así, las teorías sobre civilizaciones perdidas que abarcaron el mundo generan un interés enorme. Graham Hancock, el más exitoso de estos teóricos, ha aparecido 12 veces en The Joe Rogan Experience, y su especial de Netflix, Ancient Apocalypse, fue recientemente renovado para una segunda temporada. Existe toda una pequeña industria dedicada a detallar los vínculos entre mitos y megalitos alejados entre sí, pero, de algún modo, rara vez mencionan la bramadera, la mejor prueba de la difusión cultural.

Los vínculos prehistóricos entre civilizaciones han sido estudiados durante más de un siglo por cientos (¿miles?) de arqueólogos, antropólogos, lingüistas, genetistas y mitólogos comparativos de todas las tendencias ideológicas. Sí, la academia de 2024 no quiere hablar de la difusión, pero este es un fenómeno relativamente reciente. En el pasado, muchos académicos sostenían que la bramadera se difundió con el comienzo de la cultura plenamente humana (o, al menos, de los cultos mistéricos plenamente desarrollados). Sus investigaciones siguen disponibles, aunque en gran medida se han olvidado. Es lógico que los antropólogos actuales ignoren esto, pues no quieren tener nada que ver con los comienzos, ya que eso exige hablar de lo «primitivo». Sin embargo, es un error completamente innecesario que el consorcio de la Atlántida no aproveche la bramadera, estudie sus usos y presione sobre el tema. Es el caso más convincente de una conexión entre los «antiguos» de todo el mundo, y existen cientos de testimonios, incluidos algunos en contextos de moda como Göbekli Tepe y los Misterios eleusinos. En términos de investigación, es un lanzamiento lento por el centro del plato, y ni siquiera hacen el intento de batear.

Organizo este estudio cronológicamente porque la historia trata tanto de los investigadores como de la bramadera misma. Esto significa que el artículo hace honor a su nombre; contiene más detalles de los que muchos lectores necesitan. Puede bastar con una lectura rápida (destaco las entradas más importantes en el Esquema). Peco de ofrecer demasiada información para que este recurso esté ampliamente disponible. No existe ninguna otra recopilación semejante, y desde luego no en línea y en inglés. En mi búsqueda, no fue sino hasta el final cuando encontré el mejor tratamiento actual de la bramadera en The Domesticated Penis: How Womanhood Has Shaped Manhood. La mayor parte del capítulo «El pene cultural: diversidad en los simbolismos fálicos» trata sobre la bramadera. Pero puede verse cómo un estudiante de la bramadera pasaría por alto este texto, dado que los nombres del capítulo y del libro no indican nada sobre el instrumento. Es una especie de metáfora de la antropología. Las grandes teorías sobre los orígenes humanos pueden discutirse si se las oculta bajo capas de feminismo psicoanalítico.

La búsqueda por comprender nuestros orígenes es un impulso humano fundamental. Creo que las generaciones anteriores de antropólogos tenían razón y que la bramadera es una pieza importante de ese rompecabezas. Este artículo presenta sus investigaciones junto con algunos comentarios.

Resumen y argumento general#

*«Al pasar hacia el este a través de Siberia hasta América, así como hacia el sureste, hasta Australia, el chamanismo viajó como un solo elemento de un complejo viviente que incluía —además del estilo radiográfico de pintura y grabado de animales, el atlatl y la bramadera— un elaborado complejo de regulaciones sociales, ceremonias e ideas mitológicas asociadas, que los estudiosos han designado con el término muy amplio de totemismo». ~Joseph Campbell, Historical Atlas of World Mythology, 1983

Desde hace más de un siglo se han establecido algunos hechos sobre la bramadera. Desde África hasta Australia y las Américas, es:

  1. Utilizada en ceremonias masculinas de iniciación, muerte y renacimiento
  2. Considerada la voz de dios
  3. Considerada originalmente inventada por mujeres, pero robada por los hombres cerca del comienzo de la cultura, cuando estos tomaron el control del culto mistérico. A menudo, ahora se prohíbe a las mujeres verla o conocer los misterios asociados, bajo pena de muerte

Estas prácticas no son universales, pero constituyen temas comunes. Incluso las tribus que no tratan la bramadera como algo sagrado a menudo lo hicieron en algún momento anterior.

Los cultos mistéricos enseñan a los iniciados cuál es su lugar en el universo, la naturaleza de la vida y la muerte, y la historia de la humanidad. En el siglo XIX, los primeros antropólogos europeos conocían la bramadera como una reliquia de los cultos mistéricos griegos de la Antigüedad. Los Misterios eleusinos incluían una procesión extática conocida como Bacchoi. Esta celebraba el desmembramiento de Dioniso a manos de los Titanes, quienes lo atrajeron hacia la muerte utilizando una bramadera y una serpiente (entre otros instrumentos). Se dice que las ménades, las seguidoras de Dioniso, recreaban este momento. Llevaban serpientes en el cabello y, en un clímax extático, desgarraban con sus propias manos un toro vivo (el símbolo de Dioniso), lo hacían pedazos y se daban un festín con su carne cruda. (Algunos sostienen que esto es un precursor del pan y el vino que se convierten en la carne y la sangre de Dios en el sacramento cristiano).

Cuando los antropólogos comenzaron a recopilar datos fuera de Europa, encontraron la bramadera en el centro de cultos mistéricos de todo el mundo, documentada en más de 100 tribus, especialmente en Australia, Papúa Nueva Guinea, América del Norte y del Sur, Melanesia y África. Su uso trasciende la división entre agricultores y cazadores-recolectores. En África, la conocen tanto los bantúes como los bosquimanos. En América, los hopi del suroeste y los xingu de la Amazonia.

Los misterios dionisíacos no se han practicado en milenios, y la bramadera ha sido despojada de todo significado místico en Europa, donde ahora es un juguete infantil: el juguete giratorio antiestrés original, con todo y una historia de fondo sangrienta. Las únicas dos excepciones en Europa confirman la regla. Tómese un momento para intentar adivinarlas con base en lo que se ha presentado hasta ahora.

Respuesta: son aquellos que tienen los mejores argumentos para considerarse indígenas: los vascos y los sami. Los vascos constituyen un caso interesante de sincretismo, en el que sus ritos paganos de primavera con la bramadera se han incorporado a la celebración de Pascua3. Para los sami, forma parte de sus prácticas chamánicas. Es común sugerir que ambas culturas conservan una cultura preindoeuropea. Los vascos, provenientes de la Europa de la Edad de Hielo, y los sami, provenientes de Siberia, también se remontan a la Edad de Hielo si se acepta la continuidad entre el chamanismo siberiano actual y el del Paleolítico4. La bramadera forma parte de la música folclórica siberiana (1,2) y se ha encontrado en Europa en contextos que se remontan a hace 20,000-30,000 años. Es interesante que las dos culturas más conservadoras de Europa hayan conservado ambas la tradición de la bramadera o la hayan inventado de manera independiente.

Salvo estas excepciones, Europa ha secularizado la bramadera. Parece que un proceso semejante ha ocurrido en muchas partes del mundo. Otto Zerries menciona: «Un caso interesante se presenta entre los apinayé [una tribu amazónica], quienes consideran la bramadera simplemente un juguete; no obstante, la llaman “me-galo”, que significa alma, fantasma, sombra». De manera similar, la bramadera es un juguete para los kikuyu, una tribu bantú de Kenia, mientras que para el resto de sus vecinos bantúes tiene la máxima importancia ceremonial. Por tanto, la cuestión de la bramadera tiene dos aspectos:

  1. ¿Por qué se utiliza la bramadera de manera semejante en los cultos mistéricos de todo el mundo?
  2. ¿Por qué forma parte de la religión primitiva y después desaparece?

Casi nadie sostiene que no haya nada que explicar, que las semejanzas sean triviales. La respuesta a 1) siempre ha sido la difusión o la unidad psíquica de la humanidad. Esta última postula que la mente humana es tan semejante que encuentra infaliblemente la misma solución para los mismos problemas, y que los cultos de la bramadera son, en gran medida, desarrollos independientes. Los problemas que supuestamente resuelve la bramadera se relacionan con quiénes somos y de dónde venimos, y con cómo responder a ello de una manera que promueva la cohesión social (el establecimiento de un culto mistérico). Esto tiene un agradable tono universalista hasta que se considera 2), que las culturas parecen «progresar» más allá de la etapa de la bramadera. En efecto, los primeros investigadores que rechazaban la difusión sugerían una unidad psíquica de la mente salvaje, no de todas las mentes. Los europeos habían dejado atrás ese culto bárbaro, y para la época de la Antigüedad solo era un recuerdo.

Además, debe señalarse que la unidad psíquica nunca se utiliza a escala regional. Por ejemplo, los cultos de la bramadera son universales en Australia y abarcan unas dos docenas de familias lingüísticas. Estos cultos comparten cognados y songlines, y narran historias semejantes sobre cómo comenzó el mundo. La antigüedad de esta tradición religiosa es objeto de debate (la Serpiente Arcoíris tiene unos 6,000 años), pero nunca se la trata como evidencia de la unidad psíquica de la mente aborigen. Los australianos no tienen el gen de la bramadera (ni el gen de la Serpiente Arcoíris). Es evidente que en algún momento del pasado hubo una raíz común. De hecho, esto puede hacerse en cada región, pues los cultos de la bramadera de Papúa Nueva Guinea, la Amazonia o las Américas también presentan variaciones locales que sugieren una filogenia, y en los casos en que ya se acepta la difusión cultural a escala regional, como la cultura Clovis en las Américas, la agricultura en Papúa Nueva Guinea y el dingo en Australia. Considérese la filogenia de la bramadera únicamente en Australia y Papúa Nueva Guinea, que fueron una sola masa continental hasta hace unos 8,000 años. Si se postulan filogenias separadas, entonces deberían ser posteriores a hace 8,000 años. Y si ese es el caso, ¿por qué ambas regiones inventaron cultos de la bramadera tan llamativamente semejantes en los últimos 8,000 años, que después se difundieron internamente? Este es un modelo estricto de las «Edades del Hombre», según el cual toda cultura atraviesa la etapa de la bramadera, vinculando invariablemente el instrumento con los cultos mistéricos, la muerte y el renacimiento, y los mitos de un matriarcado primordial.

Los antropólogos modernos son reacios a vincular el árbol filogenético entre dos continentes cualesquiera. Por ejemplo, una posible ruta para el culto de la bramadera va de Eurasia a Papúa Nueva Guinea al final de la Edad de Hielo y, de ahí, a Australia. Existen muchas filogenias culturales propuestas que son así de antiguas: afroasiática, los pronombres en euroasiático, la Cacería Cósmica, el sacrificio de serpientes y los rituales australianos de los palos de fuego. El tiempo profundo no constituye un problema. Pero se considera problemática la difusión de la cultura entre continentes. Considérese el tratamiento de la difusión en «A History of Anthropological Theory», un libro de texto ampliamente utilizado:

«Relacionada con la unidad psíquica estaba la doctrina de la invención independiente, una expresión de la fe en que todos los pueblos podían ser creativos en términos culturales. Según esta doctrina, distintos pueblos, dadas las mismas oportunidades, podían concebir de manera independiente la misma idea o artefacto, sin estímulo ni contacto externos. La invención independiente era una explicación del cambio cultural. La explicación contrapuesta era el difusionismo, la doctrina de que las invenciones surgen una sola vez y que otros grupos solo pueden adquirirlas mediante el préstamo o la inmigración. El difusionismo puede interpretarse como no igualitario porque presupone que algunos pueblos son culturalmente creativos, mientras que otros solo pueden copiar».

Debe señalarse que la difusión no presupone una invención única ni superioridad racial. Lo único que debe cumplirse es que compartir una idea sea más fácil que inventarla, y así se obtiene una difusión significativa. Esta podría ser regional o incluso mundial si los datos la respaldan. El ejemplo canónico es la escritura, que fue inventada de manera independiente unas cinco veces5. Tal como están las cosas, los caracteres chinos y coreanos comparten un antepasado común. Si hubiera evidencia de que lo mismo ocurre entre el chino y el sumerio, esto no sería racista. Es simplemente que los datos no lo respaldan.

Durante un siglo, el debate sobre la bramadera giró en torno a si los cultos mistéricos leían el mismo «guion» religioso. Después, los antidifusionistas se impusieron, y la bramadera cayó en el olvido. Tras describir dos escuelas extremas del pensamiento difusionista, el libro de texto continúa:

«Un trasfondo común de ambos enfoques era la creencia hereditaria de que algunas razas humanas eran más capaces de innovar culturalmente que otras. El hereditarianismo, o “racismo”, era una actitud a la que los antropólogos de comienzos del siglo XX se oponían firmemente. Por esta razón, el difusionismo doctrinario nunca alcanzó una amplia aceptación. A raíz de las políticas raciales del nacionalsocialismo (es decir, el nazismo), cayó en el descrédito y desapareció de la visión teórica dominante. En consecuencia, durante las últimas décadas, los antropólogos, incluidos los arqueólogos, que proponen contactos humanos tempranos a grandes distancias han tenido que cargar con la obligación de demostrarlo».

Ser «obligados a cargar con la obligación de demostrarlo» es un eufemismo para exigencias aisladas de rigor6. De hecho, algunos antropólogos (no difusionistas) afirman explícitamente que no se ha dado una consideración justa a la difusión de la bramadera:

«El interés por la antropología “difusionista” ha disminuido desde hace mucho, pero las pruebas recientes concuerdan plenamente con sus predicciones. Hoy sabemos que la bramadera es un objeto muy antiguo: los ejemplares de Francia (13 000 a.C.) y Ucrania (17 000 a.C.) se remontan hasta bien entrado el Paleolítico. Además, algunos arqueólogos —notablemente, Gordon Willey (1971)— admiten ahora la bramadera en el conjunto de artefactos traídos por los primeros migrantes a América. No obstante, la antropología moderna prácticamente ha ignorado la amplia implicación histórica de la extensa distribución y el antiguo linaje de la bramadera». ~Thomas Gregor, Anxious Pleasures, 1973

O Bethe Hagen en 2009:

«La bramadera y el zumbador fueron en otro tiempo bien conocidos y muy apreciados por los antropólogos. Dentro de la profesión funcionaban como artefactos emblemáticos que simbolizaban el compromiso relativista cultural con la invención independiente, aun cuando las pruebas —tamaño, forma, significado, usos, símbolos y ritual— que se extendían a lo largo de decenas de miles de años de historia humana apuntaban a la difusión». ~Bethe Hagen, Spin as Creative Consciousness, 2009

Considerando todo esto, la explicación más sencilla es la siguiente:

En el Paleolítico superior, las nuevas ideas acerca de cómo debía uno relacionarse con el mundo espiritual y social se ritualizaron en cultos mistéricos que casualmente utilizaban la bramadera. Estos se difundieron desde Eurasia al resto del mundo, quizá alrededor del final de la Edad de Hielo. Este esquema solía ser una opinión común entre los antropólogos, pero con el tiempo la bramadera fue olvidada porque la explicación directa entra en conflicto con prejuicios muy arraigados en el campo7. Por ejemplo, las historias australianas del Tiempo del Sueño cuentan que hubo una época en la que figuras civilizadoras misteriosas aparecieron en canoas y establecieron un culto mistérico8. Demostrar que este mito aborigen contiene un núcleo de verdad no es una buena decisión profesional para un antropólogo. Por ello, la bramadera es ahora prácticamente ignorada. Espero que este artículo ayude a cambiar esa situación. Si comprendemos la bramadera, comprendemos nuestro pasado.

Esquema:#

Cada fecha está enlazada mediante un hipervínculo a la ubicación del elemento en el documento. Las entradas más importantes aparecen en negritas.

  • 1885: Custom and Myth, Andrew Lang
  • 1890: The Golden Bough, James Frazer
  • 1892: The Medicine Men of the Apache, John G. Bourke
  • 1898: Bullroarers Used by the Australian Aborigines, RH Matthews
  • 1898: The Study of Man, Alfred C. Haddon
  • 1899: The Native Tribes of North Central Australia, Baldwin Spencer and F. J. Gillen
  • 1909: The Threshold of Religion, RR Marett
  • 1912: The Lost Language Of Symbolism Vol I, Harold Bayley
  • 1913: Two Years with the Natives in the Western Pacific, Felix Speiser
  • 1919: Balder the Beautiful, vol. II, James George Frazer
  • 1920: Primitive Society, Robert H. Lowie
  • 1922: Bantu Beliefs and Magic with Particular Reference to the Kikuyu and Kamba Tribes of Kenya Colony, C.W. Hobley
  • 1929: Tribal Initiations and Secret Societies, EM Loeb
  • 1929: Secret Societies and the Bull-roarer, consejo editorial de Nature
  • 1932: The Patwin and Their Neighbors, A.L. Kroeber
  • 1937: Excavations at Snaketown, vol. 2: Comparisons and Theories, Harold S. Gladwin
  • 1942: Das Schwirrholz: Investigation on the Distribution and Significance of Bullroarers in Cultures, Otto Zerries
  • 1950: Early Man in the New World, Kenneth Macgowan y Joseph A. Hester, Jr
  • 1952: Old World Overtones in The New World: Some Parallels with North American Indian Musical Instruments, Theodore A. Seder
  • 1954: A Magdalenian ‘Churinga,’, Henry Field
  • 1959: The Masks of God: Primitive Mythology, Joseph Campbell
  • 1960: The Origin of the Kemanak, Jaap Kunst
  • 1966: The Slain God. Worldview of an Early Culture, Adolf Ellegard Jensen
  • 1967: The Distribution of Sound Instruments in the Prehistoric Southwestern United States, Donald Brown
  • 1970: Man and the Invisible, Jean Servier
  • 1973: The Bullroarer in History and in Antiquity, JR Harding
  • 1973: Anxious Pleasures: The Sexual Lives of an Amazonian People, Thomas Gregor
  • 1978: A Psychoanalytic Study of the Bullroarer, Alan Dundes
  • 1988: Myths of Matriarchy Reconsidered, Deborah B. Gewertz
  • 1992: Ritual Masks: Deceptions and Revelations, Pernet Henry
  • 1995: Blood Relations: Menstruation and the Origins of Culture, Chris Knight
  • 1998: What is wrong with music archaeology? A critical essay from Scandinavian perspective including a report about a new find of a bullroarer, Cajsa Lund
  • 2001: Gender in Amazonia and Melanesia: An Exploration of the Comparative Method, Gregor y Tuzin
  • 2003: The Evolutionary Origins and Archaeology of Music, Iain Morley
  • 2009: Spin as Creative Consciousness, Bethe Hagen
  • 2010: The Bullroarer Cult in Cuba, Michael Marcuzzi
  • 2011: The Neolithic in Turkey, New Excavations & New Research, Vecihi Özkaya, Aytaç Coşkun
  • 2013: The prehistory of music: human evolution, archaeology, and the origins of musicality, Iain Morley
  • 2015: The Domesticated Penis: How Womanhood Has Shaped Manhood, Loretta Cormier y Sharyn Jones
  • 2016: A Decorated Bone ‘Spatula’ from Göbekli Tepe. On the Pitfalls of Iconographic Interpretations of Early Neolithic Art, Dietrich y Notroff
  • 2016: The Waters of mendangumeli: A masculine psychoanalytic interpretation of a new guinea Flood myth— and Women’s laughter, Eric Silverman
  • 2017: Cosmology Performed, the World Transformed: Mimesis and the Logical Operations of Nature and Culture in Myth in Amazonia and Beyond, Deon Liebenberg
  • 2019: A functional investigation of southern Cape Later Stone Age artefacts resembling aerophones, Kumbani et al.
  • 2022: Australian Aboriginal symbols found on mysterious 12,000-year-old pillar in Turkey—a connection that could shake up history, equipo de Archeology World

Una cronología de la investigación sobre la bramadera:#

Bramadera magdaleniense
Bramadera magdaleniense

1885: Custom and Myth, Andrew Lang#

Después de un capítulo introductorio sobre los métodos de la mitología comparada, Lang aborda propiamente su tema en un capítulo titulado «La bramadera: un estudio de los misterios»9, en el que se propone «mostrar que ciertas peculiaridades de los misterios griegos también se presentan en los misterios de los salvajes y que, en suelo griego, son supervivencias del salvajismo».

«La bramadera es, entre todos los juguetes, el de más amplia difusión y el de historia más extraordinaria. Estudiar la bramadera es recibir una lección de folclore. El instrumento se encuentra entre los pueblos más ampliamente separados, salvajes y civilizados, y se utiliza en la celebración de misterios salvajes y civilizados. Hay estudiosos que fundarían en esto la hipótesis de que las diversas razas que usan la bramadera descienden todas de un mismo tronco. Pero la bramadera se introduce aquí precisamente para mostrar que mentes semejantes, trabajando con medios sencillos hacia fines semejantes, podrían desarrollar la bramadera y sus usos místicos en cualquier lugar. No hace falta una hipótesis de origen común ni de préstamo para explicar este objeto sagrado ampliamente difundido».

Las bramaderas son seleccionadas porque ponen al descubierto las dos escuelas de pensamiento de la época: la evolución cultural y el difusionismo. La evolución cultural sostiene que existen etapas naturales de la cultura: salvajismo, barbarie y civilización. Las mentes salvajes son iguales en todas partes y, por lo tanto, deberíamos esperar que produjeran artefactos culturales similares, desde la subsistencia hasta la religión. Incluso hasta el tipo de instrumento que simboliza la voz de dios y la costumbre de que las mujeres deban ser asesinadas, cegadas o violadas en grupo si alguna vez ven el instrumento. La alternativa es que tales prácticas fueron inventadas —posiblemente una sola vez—, son propias de un lugar y un tiempo, y se difundieron debido a las vicisitudes de la (pre)historia. Puede haber «ganchos» psicosociales que mantengan una práctica en su lugar. Pero el estado atractor no es tan fuerte como para que las prácticas sean invocadas desde el éter cada vez que grupos de personas no alfabetizadas comienzan a experimentar con la religión.

Lang muestra cómo los cultos mistéricos de América, África, Oceanía, Australia y la Grecia antigua utilizan —o han utilizado— bramaderas en sus ritos más importantes. A menudo, las mujeres están excluidas, los iniciandos son torturados y pintados, y los misterios están vinculados con la tradición de un gran diluvio. Debido a que la evolución cultural no supone una unidad psíquica de todas las mentes, sino más bien una unidad psíquica de todos los salvajes, Lang debe explicar por qué la bramadera ocupa un lugar central en la religión durante la primera etapa del desarrollo cultural y luego es descartada cuando se alcanza la civilización.

Para ello, Lang da por sentado que existirán cultos mistéricos, que necesitarán algún tipo de campana de iglesia para convocar a las personas a la asamblea, que la bramadera es la solución más sencilla a este problema y que, si se trata de un club de varones, podría desarrollarse naturalmente la práctica de condenar a muerte a las mujeres si oyen el sonido.

«Existen, pues, semejanzas innegablemente estrechas entre los misterios griegos y los de las razas contemporáneas más inferiores. En cuanto a la bramadera, su recurrencia entre griegos, zunis, kamilarois, maoríes y pueblos sudafricanos sería considerada por algunos estudiosos como una prueba de que todas estas tribus tenían un origen común o de que se habían prestado el instrumento unas a otras. Pero esta teoría es completamente innecesaria. La bramadera es una invención muy sencilla. Cualquiera podría descubrir que un trozo de madera afilada, atado a una cuerda, produce un ruido atronador cuando se lo hace girar. Una vez hecho ese descubrimiento, pronto se le da un uso práctico. Todas las tribus tienen sus misterios. Todas necesitan una señal para reunir a las personas indicadas y advertir a las equivocadas que se mantengan alejadas. La campana de iglesia hace lo mismo por nosotros, y el sistro agitado hacía lo propio por los egipcios. Los pueblos que no tienen campanas ni sistros descubren que la bramadera, con su sonido misterioso, cumple su propósito. Ocultar el instrumento a las mujeres es bastante natural. Simplemente hace doblemente seguro que la curiosa mujer se alarme y se mantenga alejada…».

«La conclusión que se desprende de todos estos hechos parece obvia. La bramadera es un instrumento que los salvajes inventan con facilidad y que adoptan fácilmente en el ritual de los misterios salvajes. Si encontramos la bramadera utilizada en los misterios de los pueblos antiguos más civilizados, la explicación más probable es que los griegos conservaron tanto los misterios como la bramadera, el hábito de embadurnar al iniciando, la tortura de los muchachos, las obscenidades sagradas, las acrobacias con serpientes, las danzas y demás, desde la época en que sus antepasados se encontraban en la condición salvaje».

Esta explicación es endeble, pero el planteamiento del problema y la recopilación de los hechos por parte de Lang son valiosos. Desde el principio mismo, la bramadera estuvo vinculada con cultos mistéricos masculinos relacionados con serpientes, muerte y renacimiento.

1890: The Golden Bough, James Frazer#

Unos años después, James Frazer publicó The Golden Bough, uno de los libros de antropología más influyentes de todos los tiempos. Las bramaderas no eran más que una nota al margen, pero sus asociaciones son informativas:

«Los siguientes son ejemplos de esta supuesta muerte y resurrección durante la iniciación. Entre algunas de las tribus australianas de Nueva Gales del Sur, cuando los muchachos son iniciados, se cree que un ser llamado Thuremlin lleva a cada muchacho a cierta distancia, lo mata y a veces lo descuartiza, después de lo cual lo devuelve a la vida y le extrae un diente. En una parte de Queensland, se dice que el zumbido de la bramadera, que se hace girar durante los ritos iniciáticos, es el ruido producido por los hechiceros al tragarse a los muchachos y volver a sacarlos como hombres jóvenes. “Los ualaroi del curso alto del río Darling dicen que el muchacho se encuentra con un fantasma que lo mata y lo devuelve a la vida como hombre”».

Según Cormier y Jones (2015), «Frazer describe el uso de la bramadera en rituales de la cosecha por parte de los llamados pueblos salvajes de Nueva Guinea como de la misma naturaleza que los rituales de los cultos extáticos de los misterios dionisíacos».

1892: The Medicine Men of the Apache, John G. Bourke#

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

Se analiza el uso de la bramadera entre los apaches, navajos, hopis (tusayas), zunis, las tribus pueblo del Río Grande y los ute.

«La identificación del rombo o “bramadera” de los antiguos griegos con el utilizado por los tusayas en su danza de la serpiente fue hecha por primera vez por E. B. Tylor en el Saturday Review, en una crítica de “The Snake Dance of the Moquis of Arizona”».10

Cabe destacar que la danza de la serpiente implica ser mordido por serpientes de cascabel, otra semejanza sorprendente con los misterios griegos, que algunos clasicistas también creen que involucraban veneno de serpiente.

1898: Bullroarers Used by the Australian Aborigines, RH Matthews#

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

Matthews cita a autores de todo el continente, remontándose a la década de 1840, para demostrar que la bramadera se utiliza universalmente en las ceremonias de iniciación en Australia. Como muchos otros, señala: «A los no iniciados o a las mujeres no se les permite verla ni utilizarla, bajo pena de muerte». A diferencia de la mayoría, informa que las cuerdas de la bramadera a menudo se fabricaban con cabello humano.

Es importante recordar que muchos de estos estudiosos no se comunicaban entre sí, ni siquiera mantenían relaciones amistosas. Por lo tanto, no parece probable que la bramadera sea una clase ficticia de objeto ritual impuesta por los antropólogos; numerosas observaciones independientes determinaron que era central para los cultos mistéricos en todo el mundo.

1898, The Study of Man, Alfred C. Haddon#

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

FIG. 40. Serie comparativa de bramaderas:

  1. Bosquimano (según Ratzel);
  2. Esquimal (según Murdoch), 7½×2;
  3. Apache, América del Norte (según Bourke), 8×1½;
  4. Pima, América del Norte (según Schmeltz), 15½×1;
  5. Nahuaqué, Brasil (según V. d. Steinen), 13×2;
  6. Bororo, Brasil (según V. d. Steinen), 15×3½;
  7. Malayo de Patani, costa oriental de la península malaya (original, a partir de una descripción de W. Skeat), 8;
  8. Sumatra (según Schmeltz), 4½×1;
  9. Nueva Zelanda (original), 13½×4½
  10. Toaripi, Nueva Guinea Británica (original), 20×3½, 11½×1;
  11. Mabuiag, estrecho de Torres, 16×3;
  12. Muralug, estrecho de Torres (original), 6½×1½;
  13. Mer, estrecho de Torres (original), 5½×1½;
  14. Australia Meridional (según Etheridge), 14½×3; se muestran ambos lados del mismo ejemplar;
  15. Tribus wiradhuri, N. S. W. (según Matthews), 13½×2¼;
  16. Tribu del río Clarence, N. S. W. (según Matthews), 5×1;
  17. Costa sudoriental, N. S. W. (según Matthews), 13×4½;
  18. Tribu kamilaroi, río Weir, Queensland (según Matthews), 11×1½.

Matthews escribía bajo la impresión de que no existía un estudio sistemático de la bramadera en Australia. No sabía que ese mismo año Haddon estaba trabajando en un estudio mundial. En su proyecto para comprender la naturaleza del ser humano, Haddon dedicó un capítulo al «símbolo religioso más antiguo, más extendido y más sagrado del mundo». Toma elementos de Lang y añade algunos ejemplos propios, incluida la figura anterior. Al igual que Lang, prefiere la invención independiente. El artefacto pudo haber sido producido por «mentes semejantes, que trabajaban con medios simples para alcanzar fines semejantes». Si efectivamente se difundió, fue hace tanto tiempo que no existen herramientas para investigarlo (esto ocurre antes de la datación por carbono, la genética, etcétera):

«La distribución de la bramadera parece excluir la opinión de que haya tenido un único origen y de que haya sido transportada mediante la conquista, el comercio o la migración, de la manera habitual. Es imposible decir si formaba parte del equipamiento religioso del ser humano durante sus primeras migraciones por la Tierra. La primera opinión no parece en absoluto probable; es imposible demostrar la segunda suposición.

El instrumento en sí es tan simple que no hay razón para que no haya sido inventado independientemente en muchos lugares y en épocas diversas. Por otra parte, suele considerársele muy sagrado, y se le considera ya sea un dios en sí mismo, ya sea la representación de un dios, o bien algo que un dios enseñó a los seres humanos. Cuando este es el caso, hay sobradas razones para creer que su uso es muy antiguo. De modo que es probable que en ciertas áreas se haya descubierto tempranamente y que desde entonces se haya transmitido a los descendientes y quizá a los vecinos de los inventores originales».

La tabla resulta informativa respecto del tipo de categorías que formaban parte del estudio inicial de la bramadera. Durante el siglo siguiente, se añadirán decenas de otras culturas a marcos similares:

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Tabla 2. De Haddon (1898): «He elaborado la siguiente tabla para que podamos ver de un vistazo los diversos propósitos para los que se emplea la bramadera y los distintos lugares donde se utiliza. He marcado con una X aquellos lugares donde ese uso particular constituye una práctica universal (o casi universal); la / significa que solo algunas tribus la utilizan para ese propósito, y un ? indica que creo que este es, o ha sido, su uso».
Tabla 2. De Haddon (1898): «He elaborado la siguiente tabla para que podamos ver de un vistazo los diversos propósitos para los que se emplea la bramadera y los distintos lugares donde se utiliza. He marcado con una X aquellos lugares donde ese uso particular constituye una práctica universal (o casi universal); la / significa que solo algunas tribus la utilizan para ese propósito, y un ? indica que creo que este es, o ha sido, su uso».

Resulta interesante que informa que en Irlanda quizá se conservaran recuerdos de la época en que era algo más que un juguete:

«Las que me fueron entregadas fueron hechas para mí, y quizá no representen la forma común de la bramadera en el extremo nororiental de Irlanda. Mi informante declaró que una vez, cuando era niño y jugaba con una “boomer”, una anciana del campo dijo que era una cosa “sagrada”».

Y en Escocia:

«Me han dicho que la bramadera era conocida como un “hechizo del trueno” en algunas partes de Escocia, y en Aberdeen como un “rayo”. El profesor Tylor también la registra en Escocia. Mi amiga, la señora Gomme, tuvo la gran amabilidad de permitirme copiar lo siguiente del segundo volumen de su Traditional Games of England, Scotland, and Ireland (1898, p. 291):

** Hechizo del trueno — Se toma una tablilla delgada de madera, de unas seis pulgadas de largo y tres o cuatro pulgadas de ancho, y se redondea en uno de sus extremos…

1899 The Native Tribes of North Central Australia, por Baldwin Spencer y F. J. Gillen#

Esta obra general sobre la cultura australiana incluye un capítulo sobre la bramadera:

«Entre los aborígenes del centro, como en cualquier otro lugar donde se encuentran, su uso está rodeado de un considerable misterio; un misterio que probablemente tuvo buena parte de su origen en el deseo de los hombres de inculcar a las mujeres de la tribu una idea de la supremacía y el poder superior del sexo masculino».

Los arunta sostienen que, cuando el alma de un niño entra en el vientre de su madre, se dice que su árbol espiritual (nanja) deja caer una bramadera (churinga). Cuando nace el niño, la madre describirá dónde cree que se encuentra el árbol, y sus parientes varones irán a buscar la bramadera. Si no la encuentran, fabricarán una utilizando cualquier madera que hallen cerca. Los autores suponen que el ritual es algo parecido a Santa Claus, en el que los hombres —por lo general, el abuelo— esconden la bramadera antes de la ocasión.

Otras citas informativas:

  • «Tenemos evidentemente en la creencia en la churinga [bramadera] una modificación de la idea que se expresa en el folclore de tantos pueblos y según la cual el ser humano primitivo, al considerar su alma como un objeto concreto, imagina que puede colocarla en algún lugar seguro y apartado, si es necesario, de su cuerpo, y así, si este último fuera destruido de algún modo, la parte espiritual de él seguiría persistiendo indemne».
  • «[Los arunta] asocian con la bramadera la idea de la parte espiritual de algún gran antepasado».
  • «[Entre los kurnai] la bramadera se identifica con un hombre que… condujo la primera ceremonia de iniciación, y él fabricó la bramadera que lleva su nombre».
  • «Volvamos, sin embargo, a los arunta. En la tradición encontramos huellas inequívocas de la idea de que la churinga es la morada del espíritu de los antepasados del Alcheringa [Tiempo del Sueño]. En un grupo particular de hombres achilpa, por ejemplo, se dice que estos llevaban consigo un poste sagrado o Nurtunja durante sus vagabundeos. Cuando llegaban a un lugar de acampada y salían a cazar, erigían el Nurtunja, y en él los hombres solían colgar sus churinga cuando salían del campamento; a su regreso, las descolgaban y volvían a llevarlas consigo. En estas churinga conservaban, según dice la tradición, su parte espiritual».

1909: The Threshold of Religion, RR Marett#

A comienzos del siglo XX, muchos pensaban que las primeras nociones religiosas eran animistas y que atribuían una esencia espiritual a los objetos, lugares y fenómenos naturales. El relámpago se convirtió en un dios y los mamuts tenían espíritus. Marett propuso un modelo alternativo: el primer sentimiento religioso era el sobrecogimiento. Sostenía que este constituía una trascendencia más difusa, separada, por ejemplo, de la agencia de un espíritu. Al igual que otros, incluye un capítulo sobre la bramadera, en el que sostiene que todos los dioses supremos de Australia comenzaron siendo bramaderas y que después su carácter tomó forma para explicar el sobrecogimiento de las ceremonias en las que se utilizaban. Su explicación se aproxima a una ensalada de palabras11, pero, curiosamente, este camino se le abrió al enterarse de que el nombre de la bramadera es el mismo que el del dios supremo en algunas tribus12. Es importante señalar que la bramadera se ha utilizado en teorías sobre la génesis de la religión durante más de 100 años. Esto resulta llamativo, dado que se encuentran ejemplos tempranos en sitios rituales como Göbekli Tepe, que todavía se teoriza que fue el nacimiento de la religión.

1912: The Lost Language Of Symbolism Vol I, Harold Bayley#

Como describe Bayley: «El número ocho regenerativo es evidente en la fig. 227, y en la fig. 228 aparece una serpiente ejecutada de manera rudimentaria, el símbolo de la regeneración».
Como describe Bayley: «El número ocho regenerativo es evidente en la fig. 227, y en la fig. 228 aparece una serpiente ejecutada de manera rudimentaria, el símbolo de la regeneración».

«Entre los místicos europeos de la Edad Media, la bramadera era considerada aparentemente un emblema del poder regenerador del Espíritu Santo».

1913: Two Years with the Natives in the Western Pacific, Felix Speiser#

Algunos relatos no han envejecido bien:

«En general, los ambrymeses son más agradables que los habitantes de Santo. Parecen más viriles, menos serviles, más fieles y confiables, más capaces de mostrar una enemistad abierta, más inteligentes y laboriosos, y no tan somnolientos.

Con la ayuda de mi excelente guía, me puse a recolectar, lo cual no siempre era sencillo. Deseaba mucho conseguir una “bramadera” e hice que mi hombre pidiera una, para intensa sorpresa de los demás; ¿cómo podía yo haber sabido de la existencia de estos utensilios secretos y sagrados? Los hombres me llamaron aparte y me suplicaron que jamás hablara de esto con las mujeres, pues estos objetos se utilizan, al igual que muchos otros, para ahuyentar a las mujeres y a los no iniciados de las reuniones de las sociedades secretas. Se supone que el ruido que producen es la voz de un demonio poderoso y peligroso que asiste a estas reuniones.

Me susurraron que los instrumentos estaban en la casa de los hombres, y entré en ella entre gritos de consternación, pues había irrumpido en su sancta sanctorum y ahora me encontraba en medio de todos los tesoros secretos que constituyen la parte esencial de todo su culto. Sin embargo, allí estaba, y me alegraba mucho de mi intrusión, pues me encontré en un verdadero museo. En las vigas ahumadas del techo colgaban máscaras a medio terminar, todas del mismo diseño, que se utilizarían en un festival próximo; había un conjunto de máscaras antiguas, algunas de las cuales no conservaban más que los rostros de madera, mientras que los adornos de hierba y plumas habían desaparecido; ídolos antiguos; un rostro sobre un marco triangular, particularmente sagrado; dos máscaras absolutamente maravillosas, con largas narices provistas de espinas y cuidadosamente cubiertas con tela de telaraña. Este textil es una especialidad de Ambrym y sirve especialmente para preparar y envolver máscaras y amuletos. Su fabricación es sencilla: un hombre recorre el bosque con un bambú partido y recoge todas las innumerables telarañas que cuelgan de los árboles. Como la telaraña es pegajosa, los hilos se adhieren entre sí y, al cabo de un tiempo, se forma una tela gruesa, con la forma de un tubo cónico, muy sólida y resistente al moho y la putrefacción. En la parte posterior de la casa había cinco troncos huecos, con bambúes que conducían hacia ellos. A través de estos, los hombres aullaban dentro del tronco, que reverberaba y producía un ruido sumamente infernal, bien calculado para asustar a cualquiera, además de las mujeres. Para el mismo fin se utilizaban cáscaras de coco, medio llenas de agua, dentro de las cuales un hombre gorgoteaba a través de un bambú. Todo esto se encontraba ante mis ojos ávidos, pero solo pude obtener unos cuantos artículos. Entre ellos había una bramadera, que un hombre me vendió por una suma considerable, temblando violentamente de miedo y suplicándome que no se la mostrara a nadie. La envolvió con tanto cuidado que el pequeño objeto formó un paquete inmenso. Algunas de las máscaras se utilizan ahora para divertirse; los hombres se las ponen, corren por el bosque y tienen derecho a azotar a cualquiera que encuentren. Esto, sin embargo, es un vestigio de algo muy serio, pues antiguamente las sociedades secretas utilizaban estas máscaras para aterrorizar a toda la región circundante, especialmente a las personas hostiles a la sociedad o que eran ricas o no tenían amigos.

Estas sociedades siguen teniendo gran importancia en Nueva Guinea, pero aquí evidentemente han degenerado. No es improbable que la Suque se haya desarrollado a partir de una de estas organizaciones. Su decadencia es otro síntoma del declive de toda la cultura de los nativos; y otros hechos parecen apuntar a la probabilidad de que esta decadencia se hubiera iniciado incluso antes del comienzo de la colonización por parte de los blancos.

Mi visita a la casa de los hombres terminó y, al no ver perspectivas de adquirir más curiosidades, me dirigí al terreno de danza, donde la mayoría de los hombres se habían reunido para un banquete funerario, pues era el centésimo día después del funeral de uno de sus amigos. En el centro de la plaza, cerca de los tambores, se encontraba el jefe, gesticulando violentamente. La multitud no pareció complacida con mi llegada y me criticó en voz baja. Un olor terrible a carne descompuesta llenaba el aire; evidentemente, todos habían comido un cerdo medio podrido, y el hedor no parecía molestarlos en absoluto».

1919: Balder the Beautiful, vol. II, James George Frazer#

Frazer dedica la mayor parte de un capítulo a intentar explicar por qué los ritos de pubertad masculinos de todo el mundo presentan la muerte y la resurrección. La bramadera se menciona decenas de veces. Este caso de Nueva Guinea es interesante porque, en Australia (donde la bramadera pudo haberse difundido posteriormente), se dice que las hermanas Djungawal obtienen los rituales de iniciación mientras se encuentran en el vientre de la serpiente arcoíris. Quizá la muerte en el vientre de la bestia sea un elemento antiguo de los ritos de la bramadera.

Para este propósito se erige una choza de unos cien pies de largo, ya sea en la aldea o en un lugar solitario del bosque. Tiene la forma del monstruo mítico; en el extremo que representa su cabeza es alta y se estrecha hacia el otro extremo. Una palma de betel, arrancada con sus raíces, representa la columna vertebral del gran ser y sus fibras agrupadas, su cabello; y, para completar el parecido, un artista nativo adorna el extremo posterior de la construcción con un par de ojos saltones y una boca abierta. Cuando, después de una separación entre lágrimas de sus madres y de las mujeres de su familia, quienes creen o fingen creer en el monstruo que se traga a sus seres queridos, los novicios, sobrecogidos de temor, son llevados frente a esta imponente estructura, la enorme criatura emite un gruñido sordo, que en realidad no es otra cosa que la nota zumbante de las bramaderas agitadas por hombres ocultos en el vientre del monstruo.

Es sumamente significativo que todas estas tribus de Nueva Guinea apliquen la misma palabra a la bramadera y al monstruo, que supuestamente se traga a los novicios durante la circuncisión y cuyo espantoso rugido es representado por el zumbido de los inofensivos instrumentos de madera. La palabra en la lengua de los yabim y los bukaua es balum; en la de los kai es ngosa; y en la de los tami, kani. Además, merece señalarse que en tres de las cuatro lenguas la misma palabra que se aplica a la bramadera y al monstruo significa también fantasma o espíritu de los muertos, mientras que en la cuarta lengua (la de los kai) significa «abuelo». De ello parece desprenderse que se cree que el ser que traga y regurgita a los novicios durante la iniciación es un fantasma poderoso o un espíritu ancestral, y que la bramadera, que lleva su nombre, es su representante material».

1920: Primitive Society, Robert H. Lowie#

Lowie fue fundamental para el desarrollo de la antropología moderna y se desempeñó dos veces como editor de American Anthropologist. En su obra clásica sobre la sociedad primitiva, sostiene:

«Estas semejanzas difícilmente pueden ser de un carácter que permita ignorarlas. Despertaron el interés de Andrew Lang, quien las explicó como resultado de “mentes semejantes, que trabajan con medios simples para alcanzar fines semejantes” y rechazó expresamente la “necesidad de una hipótesis de origen común o de préstamo para explicar este objeto sagrado ampliamente difundido”. En esta interpretación lo siguió el profesor von der Steinen, quien observa que un artefacto tan sencillo como una tabla sujeta a una cuerda difícilmente puede considerarse una exigencia tan severa para el ingenio humano que requiera postular una sola invención a lo largo de la historia de la civilización. Pero esto equivale a confundir el problema. La cuestión no es si la bramadera fue inventada una vez o una docena de veces, ni siquiera si este sencillo juguete ingresó una vez o con frecuencia en asociaciones ceremoniales. Yo mismo he visto a sacerdotes de la fraternidad de la Flauta de los hopi hacer girar bramaderas en ocasiones sumamente solemnes, pero nunca se me ocurrió pensar en una conexión con los misterios australianos o africanos, porque no había indicio alguno de que las mujeres debieran ser excluidas del uso del instrumento. Ahí reside el meollo de la cuestión. ¿Por qué brasileños y australianos centrales consideran mortal que una mujer vea la bramadera? ¿Por qué esta insistencia escrupulosa en mantenerla a oscuras sobre este asunto en África occidental y oriental y en Oceanía? No conozco ningún principio psicológico que impulsara a las mentes ekoi y bororo a impedir que las mujeres conocieran las bramaderas y, hasta que se revele tal principio, no vacilo en aceptar la difusión desde un centro común como la hipótesis más probable. Esto implicaría una conexión histórica entre los rituales de iniciación en las sociedades tribales masculinas de Australia, Nueva Guinea, Melanesia y África, y confirmaría aún más la conclusión de que la dicotomía sexual no es un fenómeno universal surgido espontáneamente de las exigencias de la naturaleza humana, sino un rasgo etnográfico originado en un único centro y transmitido desde allí a otras regiones».

Investigaciones posteriores demostraron que las tribus amazónicas también prohibían a las mujeres mirar la bramadera. Por tanto, hay que añadir Sudamérica a su lista.

1922: Bantu Beliefs and Magic with Particular Reference to the Kikuyu and Kamba Tribes of Kenya Colony, C. W. Hobley#

«Se hicieron averiguaciones para determinar si la bramadera, conocida en kikuyu como kiburuti, se utilizaba en estas ceremonias [de iniciación], pero, curiosamente, parece sobrevivir únicamente como juguete infantil, mientras que en muchas de las tribus vecinas ella y su pariente cercano, el tambor de fricción, se utilizan regularmente en ceremonias de iniciación».

1929: Tribal Initiations and Secret Societies, E. M. Loeb#

*«*El argumento a favor de la difusión es aún más sólido de lo que Lowie afirmó. La bramadera no solo es tabú para las mujeres cuando se utiliza en relación con ritos de iniciación masculina, sino que también casi invariablemente se la representa como la voz de los espíritus. Además, la bramadera no se desplaza sola en relación con los ritos de iniciación masculina. Este artículo ha demostrado que una forma de marcación tribal, una ceremonia de muerte y resurrección, y una personificación de fantasmas o espíritus se encuentran entre los ritos de iniciación tribal masculina como concomitantes habituales de la bramadera. No interviene ningún principio psicológico que necesariamente agrupe estos elementos, por lo que deben considerarse como agrupados fortuitamente en una localidad del mundo y posteriormente difundidos como un complejo».

Este complejo, argumentaba Loeb, incluye: «(1) el uso de la bramadera, (2) la personificación de fantasmas, (3) la iniciación de “muerte y resurrección” y (4) la mutilación mediante cortes».

Como especialista en las culturas indígenas de América del Norte, añade docenas de ejemplos nuevos a la bibliografía. Un artículo posterior compara las iniciaciones en América del Norte y del Sur, a partir de la comparación de 60 culturas desde Alaska hasta Tierra del Fuego. De interés para EToC, señala: «Bachofen, Lippert, Briffault y P. Schmidt han relacionado las sociedades secretas con el matriarcado [el fin del matriarcado primordial]. Creen que las sociedades secretas surgieron cuando los hombres se organizaron para poner fin al dominio de las mujeres». Bachofen publicó Mother Right en 1861 y murió en 1887, antes de que gran parte de la antropología fuera de Europa hubiera comenzado. Basó sus ideas en la literatura clásica. La aplicación de sus ideas a los cultos mistéricos de Australia o la Amazonia debería tratarse como una predicción fuera de muestra.

1929: Secret Societies and the Bull-roarer, consejo editorial de Nature#

La revista científica más prestigiosa respalda la interpretación de Loeb:

«A partir de la distribución se infiere que estos rasgos son de origen arcaico, posiblemente paleolítico, y no resultado de una difusión reciente. En lo que respecta a la bramadera, las teorías anteriores deben considerarse insostenibles. Solo sería posible considerarla de origen independiente en diferentes regiones si la atención se limitara a su uso como juguete o con fines mágicos. En relación con la iniciación y las sociedades secretas, siempre está asociada con una forma de marcación tribal, una ceremonia de muerte y resurrección y una personificación de fantasmas y espíritus. Es tabú para las mujeres y se la representa invariablemente como la voz de los espíritus; pero, cuando se la encuentra fuera del ámbito de los ritos de iniciación y las sociedades secretas, no es ni una cosa ni la otra. Puesto que no existe ningún principio psicológico que excluya a las mujeres de la vista del instrumento en Oceanía, África y el Nuevo Mundo, no puede considerarse resultado de un origen independiente, y debe inferirse que fue difundida desde un centro común».

1932: The Patwin and Their Neighbors, A. L. Kroeber#

Un colega de Berkeley afirma que la distribución mundial de Loeb es la única manera de comprender los casos específicos del culto de la bramadera. Muchos antropólogos aceptaron las ideas de Loeb; esto no era una postura marginal.

«La reconstrucción histórica del curso de desarrollo de los cultos del sistema Kuksu todavía no puede llevarse muy lejos sobre la base de los datos mismos. Un esquema general de interpretación a escala continental o mundial podría permitir avanzar más. Si, por ejemplo, al igual que Loeb, se parte de la posición de que las iniciaciones tribales en todas partes se deben a una única difusión antigua, cuyos criterios originales serían rasgos como la bramadera, la mutilación, los ritos de muerte y resurrección y las personificaciones de espíritus, y de que las sociedades secretas surgieron de este sustrato como paralelos secundarios, puede avanzarse considerablemente en la reconstrucción de la historia de California o de cualquier otro sistema».

1937: Excavations at Snaketown, vol. 2: Comparisons and Theories, Harold S. Gladwin#

Es una rareza que la reacción a la búsqueda de la Atlántida haya enturbiado durante todo un siglo el debate sobre la bramadera:

«Pasando del tipo físico a la cultura, puede decirse que las industrias texanas descritas arriba caen casi por completo dentro de los límites de los dolicocéfalos meridionales, mapa 7. Nordenskiöld, Dixon y otros han enumerado una larga lista de rasgos que se han encontrado en Sudamérica y que también se sabe que aparecen en Australia y Melanesia. Algunos de estos rasgos, como el propulsor de lanzas, los dardos con astiles delanteros, los bastones arrojadizos curvos, las bramaderas y diversas formas de automutilación, como el tatuaje y la amputación de dedos, también han sido descubiertos en el sur de América del Norte. Se ha empleado una gran dosis de ingenio para ofrecer explicaciones sobre la manera en que estos y otros rasgos fueron adquiridos y, en casi todos los casos, se ha negado la posibilidad de que la difusión de Asia a América haya sido la causa.

»Las razones de esta renuencia a aceptar una explicación bastante lógica son dos. En primer lugar, tal aceptación podría parecer que da crédito a las teorías extravagantes expuestas por G. Elliot Smith en The Ancient Egyptians and the Origins of Civilisation, y también por W. H. Perry en Children of the Sun: A Study in the Early History of Civilisation.

»…

»Como consecuencia más o menos directa, cada vez que surge la cuestión de la invención independiente o la difusión de un rasgo determinado, inmediatamente, al primer sonido de alarma, aparece el sólido cuerpo de arqueólogos estadounidenses para defender la santidad del ingenio nativo americano. A pesar de la unanimidad de opinión sobre este asunto, me dan ganas de murmurar, como la Reina en Hamlet: “La dama protesta demasiado, me parece”.

»Admitiendo francamente que el contacto transpacífico o transantártico no debe considerarse más que una posibilidad remota, y admitiendo nuevamente que la difusión del Culto Heliolítico pertenece a la misma categoría que los continentes perdidos de Mu y la Atlántida, ¿no debe considerarse posible que, cuando los dolicocéfalos meridionales entraron al Nuevo Mundo por el estrecho de Bering o el istmo de Bering, también hayan traído consigo ciertos rasgos materiales y sociales? ¿Y no explicaría esto de manera más lógica que otras explicaciones la larga lista de analogías que se sabe que compartían estos pueblos en América y aquellos de Australia y Melanesia, particularmente cuando se encuentran vestigios de los mismos rasgos y pueblos a lo largo de las costas del este de Asia y del oeste de América del Norte y del Sur?»

1942: Das Schwirrholz: Investigación sobre la distribución y el significado de las bramaderas en las culturas, Otto Zerries#

Imagen de *The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object*

Zerries publicó un libro sobre las bramaderas en Alemania en 1942. Por razones obvias, no tuvo una amplia circulación. En 1953 escribió un volumen más breve centrado en el instrumento en América del Sur —incluido un análisis de su uso por 40 culturas diferentes—, en parte porque solo unos cuantos ejemplares de su libro sobrevivieron a la guerra. Zerries sostenía que la amplia distribución de la bramadera era evidencia de una antigua cultura común basada en la separación de los sexos. La bramadera, según Zerries, tiene “sus raíces en un estrato cultural temprano de tribus cazadoras y recolectoras”.

Zerries señala que “Un caso interesante se presenta entre los apinayé, quienes consideran la bramadera simplemente un juguete; sin embargo, la llaman ‘me-galo’, que significa alma, fantasma, sombra”.

Como en muchos otros lugares, existen asociaciones con las serpientes: “Las bramaderas de los nahuqua tienen forma de pez y están decoradas con ornamentos de serpientes”.

“Bramadera de los bakairi (Alto Xingú), de M. Schmidt, p. ~28, fig. 158; 27 cm de alto, con forma de figura humana.”
“Bramadera de los bakairi (Alto Xingú), de M. Schmidt, p. ~28, fig. 158; 27 cm de alto, con forma de figura humana.”

1950: Early Man in the New World, Kenneth Macgowan y Joseph A. Hester, Jr.#

En la sección sobre la unidad psíquica frente a la difusión con respecto a la cultura indígena americana:

“Este dogma recibe el nombre de origen autóctono de las culturas indígenas. Afirma que prácticamente todos los rasgos, descubrimientos e invenciones que Colón, Cortés y Pizarro encontraron en el Nuevo Mundo eran productos autóctonos; las importaciones estaban excluidas. La cuestión en disputa entre los partidarios y los adversarios de este dogma suele expresarse como Invención Independiente frente a Difusión. Pero la formulación no es del todo exacta: necesita una pequeña ampliación. Todo lo inventado por el ser humano es, en cierto sentido, una invención independiente. En el caso presente hablamos de una invención realizada en un centro, el Nuevo Mundo, independientemente de una invención similar en otro centro, el Viejo Mundo. No nos ocupamos de la invención independiente, sino de la invención independiente paralela. ‘Difusión’ es aún menos exacto. Normalmente significa la transferencia gradual de algún rasgo o técnica de un pueblo a otro, a menudo mediante la intervención de un tercero, o de un tercero y un cuarto pueblo. En la presente discusión se trata más bien de que un pueblo lleve el rasgo o la técnica a un nuevo hogar. La cuestión no es simplemente: ‘¿Inventó el indígena la alfarería?’ o ‘¿Inventó el australoide americano la bramadera?’. Más bien es: ‘¿La inventó en el Nuevo Mundo o en el Viejo?’, o ‘¿La inventó en el Viejo Mundo y la llevó al Nuevo?’, o ‘¿La inventó en el Nuevo Mundo mientras otro individuo la inventaba en el Viejo?’”

1952: Old World Overtones in The New World: Some Parallels with North American Indian Musical Instruments, Theodore A. Seder#

Antes de la genética de poblaciones, los científicos intentaban comprender la relación entre las poblaciones del Nuevo y el Viejo Mundo mediante similitudes culturales, de las cuales las bramaderas constituían una prueba primordial:

Los cahuilla de las montañas de California encerraban a sus hijos en una habitación con su atado sagrado si llegaban a escuchar los sonidos de la bramadera; en su ceremonia de ingestión de toloache tenían a un funcionario que dirigía a los neófitos en la danza, haciendo girar la bramadera ceremonial para mantener alejados del recinto de danza a las mujeres y los niños durante ese momento. A las mujeres y los niños pomo se les negaba la visión del instrumento. Los tewa de San Ildefonso utilizaban sus bramaderas fuera de la vista, en sus kivas, donde las mujeres no podían verlas. La bramadera de los ute wimonuntci también era tabú para las mujeres.

Este sencillo instrumento se utilizaba prácticamente en todo el mundo, aunque hay lugares ocasionales donde no se encuentra, como Finlandia, el noreste de Asia —excepto entre los chukchi— y la parte oriental de América del Norte —con la excepción de los mattaponi—. Sin embargo, su importancia varía de acuerdo con la prominencia de las sociedades y las iniciaciones de las sociedades secretas de los diversos grupos indígenas. Así, en Australia, la bramadera advierte a las mujeres y los niños que se están llevando a cabo los misterios sagrados, pues en la mayoría de las tribus ver los ritos de iniciación, o incluso la propia bramadera, es causa de muerte para las mujeres.

En América del Norte, la bramadera tiene propiedades curativas entre los chamanes de los diegueño, mono, navajo, apaches tonto, yokuts, pomo y papago; anteriormente, esto también ocurría entre los tanaina.

La ceremonia de iniciación con toloache (datura) se describe con mayor detalle aquí. En cuanto a las discontinuidades en la distribución, cabe señalar que los sami utilizan la bramadera y que ahora ocupan Finlandia. Esto pone de relieve la necesidad de continuar investigando la bramadera. Hasta donde sé, esta entrada del blog es el único documento que incluye a los sami y los vascos en el estudio comparativo cultural.

Además, se analiza el zumbador, un instrumento similar que a menudo aparece junto con la bramadera —y que Bethe Hagen retomó como objeto de investigación en el siglo XXI—.

Zumbador: Hecho de un disco, un trozo irregular de materia sólida o una lámina, el zumbador está sujeto, en la mayoría de los casos, a una cuerda en forma de lazo, de modo que puede hacerse girar rápidamente de un lado a otro mediante el entrelazamiento y desenlazamiento del lazo, tensado por las manos. Probablemente está relacionado con la bramadera desde su origen. Como prueba de ello, encontramos que los carajá de América del Sur lo utilizan como instrumento masculino en sus danzas con máscaras; los indígenas de las regiones de las Montañas Rocosas lo utilizan como amuleto para atraer la lluvia, la nieve, el clima cálido y los vientos favorables —es decir, como amuleto de fertilidad—, una práctica que se extiende a los navajo del suroeste, los eyak de la región del Mackenzie-Yukón y los naskapi del noreste. El zumbador también es utilizado por los sacerdotes de guerra zuñi como advertencia, tal como ocurre con la bramadera en muchas regiones. Otro punto de contacto entre el zumbador y la bramadera puede encontrarse en su restricción exclusiva a los hombres. Esto ocurre entre los carajá de Brasil, como se mencionó arriba. Los ingalik, quienes supuestamente lo utilizan ocasionalmente como juguete para niños o para hombres, limitan su uso al día durante el verano, lo que revela un simbolismo perdido.

1954: A Magdalenian ‘Churinga,’, Henry Field#

En ese momento, se creía ampliamente que la tradición de la bramadera compartía una raíz común, y los conocimientos provenientes de Australia se aplicaban a la Europa de la Edad de Piedra. A continuación se presenta el informe de un descubrimiento para “Man, A Monthly Record Of Anthropological Science”:

“El abate Breuil identificó este espécimen de marfil [que aparece en la imagen de arriba] como la primera ‘churinga’ magdaleniense completa —bramadera— jamás encontrada… El sencillo diseño geométrico se asemeja al de las churingas australianas y los escudos de madera. Puesto que los aborígenes australianos consideran sagrado el zumbido de una churinga, ninguna mujer, niño o persona no iniciada puede ver una bramadera. Por lo tanto, es posible que en la época magdaleniense se observara una veneración similar”.

1959: The Masks of God: Primitive Mythology, Joseph Campbell#

Campbell es conocido como jungiano, por popularizar la idea del monomito. Pero también era un difusionista de afiliación reconocida:

“La estructura de la fórmula anterior se examina en la sección siguiente; aquí solo podemos decir, a modo de resumen de los hallazgos precedentes, que los mitos griegos e indonesios examinados han revelado no solo un conjunto compartido de motivos ritualizados, sino también indicios de un pasado compartido, un estrato anterior de su historia común, en el que una serpiente, y no un cerdo, desempeñaba el papel animal. Y el hecho de que —de un modo u otro— los dos ciclos no estuvieran meramente vinculados a distancia por un hilo largo y tenue, sino establecidos sobre una base amplia y común, queda demostrado por una desconcertante serie de semejanzas adicionales.

Por ejemplo, en ambas mitologías los números 3 y 9 eran prominentes. Sabemos, asimismo, que en los ritos griegos de la diosa —y de su hija Perséfone, muerta y resucitada, así como de su nieto Dioniso, muerto y resucitado— se utilizaban el canto coral, el estruendo del tambor y el zumbido de la bramadera, tal como en los ritos de los caníbales de Indonesia. Reconocemos el tema del laberinto en ambas tradiciones, asociado con el inframundo y representado mediante la figura de una espiral: tanto en Grecia como en Indonesia se ejecutaban danzas corales siguiendo este patrón. La referencia en el mito indonesio al deseo de Ameta de prepararse una bebida con las flores de la palma de coco sugiere una relación entre el vino o la intoxicación y el complejo del doncella-planta-luna-animal, que correspondería muy bien con la fórmula de la cultura mediterránea arcaica. Y, finalmente, ¿acaso no es comparable la figura de Deméter, en el momento de partir de Olimpo presa de la ira, llevando en cada mano una larga antorcha semejante a un bastón, con Satene de pie ante la puerta laberíntica, diciéndole al pueblo de la era mitológica que está a punto de abandonarlo y sosteniendo en cada mano un brazo de Hainuwele?

No puede haber duda de que ambas mitologías se derivan de una misma base. El hecho fue reconocido hace algún tiempo por el estudioso de la Antigüedad clásica Carl Kerényi, y desde entonces su argumento ha sido respaldado por el profesor Jensen, el etnólogo responsable principalmente de la recopilación del material indonesio».

Más adelante, extiende el argumento a los misterios australianos:

«Seguramente no es un mero accidente, ni una consecuencia del desarrollo paralelo, lo que ha llevado a que las bramaderas aparezcan tanto en la ocasión griega como en la australiana, así como las figuras disfrazadas de blanco (los australianos portando plumón de ave y los titanes griegos embadurnados, como payasos, con arcilla blanca)».

Lang estableció la misma conexión respecto de la pintura blanca utilizada en los cultos mistéricos de la Grecia antigua y en la Australia moderna ya en 1885. Una de las grandes diferencias entre figuras como Lang y Campbell, por un lado, y los antropólogos actuales, por otro, es la disposición a integrar detalles como este en teorías generales. Como el resto de la ciencia, la antropología ahora prioriza las mejoras épsilon y los argumentos estrictos y acotados. No hay lugar para un comentario incidental sobre cómo la pintura ritual blanca sugiere que los australianos tenían una versión de los Misterios dionisíacos.

La posibilidad de la difusión no fue un interés pasajero para Campbell. Décadas después, en The Historical Atlas of World Mythology: The Way of Animal Powers, Campbell escribió:

«Así, de las dos tradiciones paleolíticas, la del culto al oso era varios siglos más antigua, pues se había originado en la veneración del hombre de Neandertal por el oso cavernario como Amo de los Animales; mientras que el chamanismo, hasta donde sabemos, se desarrolló como tradición únicamente durante el periodo de las cuevas-templo y de la explosión creativa de las formas simbólicas. Al desplazarse hacia el este, a través de Siberia, y también hacia el sureste, hasta Australia, el chamanismo viajó como un solo elemento de un complejo viviente que incluía —además del estilo radiográfico de pintura y grabado de animales, el átlatl y la bramadera— un elaborado complejo de regulaciones sociales, ceremonias e ideas mitológicas asociadas, que los estudiosos han designado mediante el término muy amplio de totemismo».

The Historical Atlas of World Mythology, obra en la que Campbell trabajaba al momento de su muerte, presenta una imagen en la que la condición humana —incluidas las nociones de nuestra propia mortalidad y de la existencia de los espíritus— fue descubierta y, posteriormente, esas ideas se difundieron. La bramadera, entre muchos otros rasgos culturales compartidos, se utiliza como evidencia de la difusión del totemismo.

1960: The Origin of the Kemanak, Jaap Kunst#

«No creo que ningún etnomusicólogo aceptara la poligénesis en lo que respecta a las bramaderas, que a menudo son semejantes incluso en los detalles decorativos y se utilizan con el mismo propósito allí donde y cuando se encuentran (es decir, donde no se han convertido en un juguete infantil debido al paso del tiempo o al cambio de creencias)».

En el mismo artículo, resume la investigación de Curt Sachs:

«El musicólogo Curt Sachs formuló ese punto de vista en el prefacio de su monumental Geist und Werden der Musikinstrumente. Escribió:

“A quienes, durante muchos años de trabajo, han observado una y otra vez cómo las formas culturales más raras, incluso con rasgos estructurales a menudo totalmente incidentales, aparecen en regiones muy dispersas del mundo y, sin embargo, en todos esos lugares se han conservado sus aspectos simbólicos y funcionales, les parece casi irrelevante enfatizar y defender el parentesco de dichas formas culturales. Gradualmente, se ha formado en él una gran imagen de un parentesco cultural que circunda el mundo, creado a lo largo de miles de años por el propio ser humano, mediante migraciones y viajes marítimos, a pesar de todos los obstáculos naturales”».

Es burdo, pero una de las críticas a la difusión sigue una línea más o menos así: «¿Sabes quién más pensaba que las buenas ideas comenzaban en un lugar y después se difundían? ¡Los nazis!». Y es cierto que algunos documentos sugieren que Zerries fue reclutado para la guerra. Pero se trata de un argumento bastante deficiente. La mayoría de los antropólogos, incluidos los difusionistas citados aquí, eran progresistas radicales para su época. Había muchos más comunistas que nazis. Sachs, por ejemplo, era un intelectual judío que escapó de los nazis. Una de las fortalezas de la investigación sobre la bramadera es que sus investigadores abarcan todo el espectro ideológico y se extienden a lo largo de varias generaciones. Los hechos sobre el terreno han superado la prueba del tiempo, criticados desde todas las direcciones.

1966: The Slain God: Worldview of an Early Culture, Adolf Ellegard Jensen#

Jensen completó un doctorado en física, pero más tarde quedó fascinado por las ideas del antropólogo Leo Frobenius. Se convirtió en una de las figuras más importantes en la promoción de las ideas de Frobenius y fue nombrado director del Instituto de Morfología Cultural tras la muerte de Frobenius. Sin embargo, esto no llegó a concretarse, pues era 1938 en Alemania; se negó a divorciarse de su esposa judía y se opuso a los nazis. Después del fin de la guerra, dirigió el instituto. Sostiene que los cultos mistéricos de la bramadera y los mitos que los acompañan se difundieron cerca de los albores de la agricultura, cuando el ser humano ritualizó por primera vez la muerte y el renacimiento.

«Nadie consideraría fácilmente la aparición del mismo reconocimiento [de un vínculo entre la muerte y la procreación] entre pueblos ampliamente separados como evidencia de difusión. Los ritos de iniciación, en cambio, son creaciones culturales y, por lo tanto, aparecieron en algún momento de la historia de la humanidad. Imaginemos que indios, papúes y africanos llegaron por igual a la comprensión de la conexión entre la muerte y la procreación. ¿Puede alguien pensar seriamente que en África, Nueva Guinea y Sudamérica se crean ritos de iniciación en los que los muchachos en edad de iniciarse son aislados en la selva, instruidos mediante los mitos y rituales tribales, mantenidos estrictamente apartados de todas las mujeres y muchachas, utilizan una bramadera u otro instrumento productor de ruido para que los muchachos puedan anunciar su presencia en cualquier momento, inventan un espíritu que devora a los muchachos y cuya voz es designada por el sonido del instrumento productor de ruido, además de las demás semejanzas que se presentan en los ritos de iniciación de África, Melanesia y las Américas?

El hecho de que los mitos se hayan conservado durante periodos tan prolongados entre pueblos ágrafos puede explicarse, por un lado, por el hecho de que son transmitidos y vueltos a narrar dentro del marco de solemnes ceremonias de iniciación por ciertos dignatarios. Por ejemplo, entre los indios uitoto, únicamente la persona que “ofrece la fiesta” y que posee muchos conocimientos y conoce los mitos sobre los orígenes de las cosas puede ser el “maestro de la fiesta” (Preuß, 1923, p. 651 y ss.). Por otro lado, el factor decisivo para su conservación durante periodos tan prolongados reside en estos mismos cultos y en su conexión con el mito. Los cultos son esencialmente representaciones dramáticas mediante las cuales los mitos se presentan vívidamente a la comunidad —especialmente a la juventud en proceso de crecimiento—.

La difusión del mito del robo en el cielo, que en la versión del robo del grano se extiende hasta las tribus indias. Suponer que este tipo de mito, que se extiende hasta Sudamérica, se desarrolló en conexión con la antigua Grecia parece sumamente improbable. Su origen debe remontarse mucho más atrás en el tiempo.

La cronología absoluta no nos permite formular afirmaciones aquí, pues el método basado exclusivamente en los mitos no puede proporcionar datos exactos. Sin embargo, sí permite suponer que el mito se originó con la introducción del cultivo de cereales y su difusión en diversas regiones de la Tierra. No es necesario demostrar cómo se manifestó; basta con indicar que regresó desde tiempos tan remotos. Puede señalarse que el mito cuenta cómo se entregaron frutos a los seres humanos y que este robo del fruto del grano, originalmente reservado, por parte de los seres celestiales llevó el pan a la humanidad.

En general, puede decirse del mito de Prometeo que solo ocasionalmente guarda relación con el mito del culto, especialmente en contraste con el complejo mítico de Hainuwele, que incluye cultos extensos y se relaciona claramente con el mito original. El robo celestial, el robo primordial, encuentra su culminación y pleno desarrollo en el mito de Hainuwele y es rico en elaboraciones cultuales.

…El mito de Prometeo se aproxima más a nuestra manera de pensar. Solo en la imaginación del viaje celestial contiene elementos “míticos”. Todas las demás imágenes están tomadas de la vida real».

(Originalmente en alemán, traducido por ChatGPT)

En otro libro, Myth and Cult Among Primitive Peoples, analiza la importancia de la bramadera para el tiempo del sueño en la mitología australiana:

«Uno de los nombres vigentes entre los ungarrinjin para la era mítica primordial es Lalan. … Por ejemplo, nuestros informantes solían llamar a las pinturas rupestres, los montículos de piedras, los corroboreos, las bramaderas y otras cosas asociadas con las tradiciones primordiales “Lalan-nanga”, es decir, “pertenecientes a la época mítica”.

El término utilizado con mayor frecuencia para el periodo de los héroes míticos es Ungud o, más correctamente, Ungur. . . . Mis colegas y yo registramos una tercera designación, aunque menos frecuente. Era Ya-Yari, una palabra que quizá pueda derivarse de yari, el término ungarrinjin para sueño, experiencia onírica, estado visionario, pero también tótem onírico. En un sentido más restringido, el nativo entiende por ya-yari su propia energía vital, la sustancia de su existencia psicofísica. Ya-yari es aquello que hay dentro de él y que le hace sentir, pensar y experimentar» (cf. la Teoría de la conciencia de Eve).

1967: The Distribution of Sound Instruments in the Prehistoric Southwestern United States, Donald Brown#

«Las bramaderas, los únicos aerófonos giratorios del suroeste prehistórico, son sorprendentemente raras. Se encontró una bramadera en Pecos (Kidder 1932:293), otra en viviendas rupestres del valle Verde (Bourke 1892:477) y una tercera en un depósito de Chetro Ketl (R. Gwinn Vivian, comunicación personal). Todas estaban hechas de madera. La ausencia de bramaderas, al igual que la de raspadores, resulta algo desconcertante, pues también desempeñan un papel importante en la vida ceremonial de los grupos históricos del suroeste. Las bramaderas son sumamente perecederas y probablemente eran escasas, ya que por lo general constituyen objetos ceremoniales. Esto puede explicar la ausencia de las bramaderas».

1970: Man and the Invisible, Jean Servier#

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

Una amena panorámica con algunas citas singulares (traducida del español mediante GPT 4.5):

Entre los dogón, los andumbulu fueron los primeros en utilizar la bramadera (ibid., p. 60). Los andumbulu son los pequeños hombres rojos que habitaron la tierra después de la primera Creación. Los hombres los despojaron de sus Misterios, tras lo cual se convirtieron en espíritus invisibles.

Ciertas tribus del norte de Nueva Guinea construyen una choza de unos treinta metros de largo con la forma de un monstruo a punto de devorar a los iniciandos. Esta criatura enorme produce un rugido feroz, que no es otra cosa que el bramido de las bramaderas giradas por hombres ocultos en su vientre» (J. G. Frazer, Balder the Beautiful, pp. 227-235, 240-243).

En la isla de Ceilán (Sri Lanka), la bramadera está asociada con ciertas ceremonias budistas. En Sumatra, se utiliza en la magia negra para persuadir a los espíritus de que se apoderen del alma de una mujer y la vuelvan loca, manteniendo así el mismo poder temido sobre las mujeres que en otros lugares.

En Madagascar, no es más que un juguete infantil, reservado, sin embargo, para los varones.

Macalister, quien dedicó un extenso artículo a la bramadera en la Encyclopaedia for Ethics and Religions, señala su presencia en Escocia, Cantyre y el condado de Argyll, donde está asociada con una antigua divinidad celeste. La tradición sostiene que la primera bramadera, llamada Srannan (pronunciado Strantham), cayó del planeta Júpiter. En el condado de Aberdeen, los vaqueros todavía la utilizaban en fecha tan reciente como 1885 para proteger a sus rebaños de los rayos.

En el País Vasco, la bramadera, o «furrunfara», es fabricada por pastores. Es una pequeña tablilla de madera con bordes dentados, decorada con diversos diseños, entre ellos la cruz vasca de comas giratorias, que simboliza el movimiento celeste. Los pastores hacen girar la tablilla al extremo de una cuerda, a veces sujeta a un palo. El zumbido producido ahuyenta a los animales ajenos al rebaño, en particular a las yeguas que podrían perturbar a las ovejas durante la noche. Este uso sugiere una finalidad nocturna más antigua para la bramadera, aunque hoy no esté explícitamente vinculada con ritos iniciáticos.

En España, la «brunzidor» es conocida en Navarra, el País Vasco y Aragón.

En Portugal, los ancianos prohíben a los niños hacer girar sus «zunas» (bramaderas) durante la cosecha, quizá por temor a que esto afecte las almas de los muertos que abandonan la tierra en esa estación.

Los antiguos griegos conocían la bramadera, que se utilizaba en los Misterios de Baco, Cotito y la Madre de los Dioses. Un autor la describe, haciéndose eco del mito bambara citado anteriormente: «Es una pequeña tablilla arrojada al aire para producir ruido» (Etym. Magn., s.v. Rombos).

Los arqueólogos han descubierto bramaderas hechas de bronce, oro o talladas en piedras finas. Un ejemplar, conservado en el Museo del Louvre, tiene una superficie convexa adornada con relieves que representan dos figuras sentadas sosteniendo tirsos, los bastones simbólicos de los iniciados en el culto de Dioniso.

Finalmente, Plinio relata en su Historia natural (XXVIII, 5,6) que durante su época, en Italia, estaba prohibido que las mujeres caminaran por los caminos haciendo girar sus husos, pues se creía que esto podía poner en peligro el éxito de la cosecha.

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

Eminentes etnólogos como Loeb y Lowie han coincidido en que el complejo que vincula la bramadera con los ritos de iniciación surgió de un centro común.

Si, como afirma Margaret Mead, «la mayoría de los estudiosos coincide en que las civilizaciones del Nuevo Mundo se desarrollaron de manera independiente de las del Viejo Mundo» (People and Places, p. 168), todavía necesitamos descubrir el origen de esta certeza compartida y cómo han viajado los símbolos idénticos que la expresan.

Desde Australia hasta ambas Américas, pasando por África, Oceanía y Europa —del hombre magdaleniense al Compañero carpintero o cantero que hace girar vigorosamente su bramadera—, otra cuestión se nos plantea: la de la unidad de una tradición iniciática y de una enseñanza primordial. Porque esta vez, ni siquiera en nombre del «racionalismo», podemos apelar a la «suerte», el «azar» o la «coincidencia».

1973: The Bullroarer in History and in Antiquity, JR Harding#

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

«En Europa, es posible que la bramadera se remonte a la época magdaleniense, ca. 15,000-10,000 a. C., o incluso al Gravetiense, ca. 25,000 -15,000 a. C. En el primer caso, la suposición se basa en el hallazgo de colgantes de hueso, marfil y, en ocasiones, piedra, que imitan exactamente la hoja del instrumento, procedentes de depósitos de época magdaleniense en Francia. Uno de Saint Marcel, Indre, (Fig. 1) tiene bordes dentados y un diseño grabado de líneas y círculos concéntricos, que recuerda algunos de los diseños presentes en las churingas australianas».

Por alguna razón, este artículo de tres páginas se cita con frecuencia, aunque no ofrece ningún análisis nuevo. Esta cita pone de relieve un tema recurrente: el estilo de la bramadera muestra semejanzas a lo largo de decenas de miles de años y kilómetros.

1973: Anxious Pleasures: The Sexual Lives of an Amazonian People, Thomas Gregor#

Gregor realizó trabajo de campo en la Amazonia, entre uno de los muchos pueblos cuyos mitos hablan de un matriarcado primordial que terminó con el robo de las bramaderas. Citamos extensamente su relato:

«[El orden patriarcal de la sociedad] no siempre fue así, al menos no en el mito. Se nos dice que las mujeres de tiempos antiguos (ekwimyatipalu) eran matriarcas, fundadoras de lo que ahora es la casa de los hombres y creadoras de la cultura mehinaku. Ketepe [cuyo relato aparece en cursivas] es nuestro narrador de esta leyenda de las “amazonas” del Xingú.

LAS MUJERES DESCUBREN LAS CANCIONES DE LA FLAUTA. En tiempos antiguos, hace mucho tiempo, los hombres vivían solos, muy lejos. Las mujeres habían abandonado a los hombres. Los hombres no tenían ninguna mujer. Pobres hombres: tenían relaciones sexuales con las manos. Los hombres no eran felices en absoluto en su aldea; no tenían arcos, ni flechas, ni brazaletes de algodón. Andaban de un lado a otro sin siquiera llevar cinturones. No tenían hamacas, así que dormían en el suelo, como animales. Pescaban zambulléndose en el agua y atrapando los peces con los dientes, como las nutrias. Para cocinar los peces, los calentaban bajo los brazos. No tenían nada: ninguna posesión. La aldea de las mujeres era muy distinta; era una verdadera aldea. Las mujeres habían construido la aldea para su jefe, Iripyulakumaneju. Construían casas; llevaban cinturones y brazaletes, ligaduras para las rodillas y tocados de plumas, igual que los hombres. Fabricaban kauka, la primera kauka: «Tak… tak… tak»; la cortaban de la madera. Construyeron la casa para Kauka, el primer lugar para el espíritu. Oh, qué inteligentes eran aquellas mujeres de cabeza redonda de los tiempos antiguos. Los hombres veían lo que hacían las mujeres. Las veían tocar kauka en la casa de los espíritus. «Ah —dijeron los hombres—, esto no está bien. ¡Las mujeres nos han robado la vida!». Al día siguiente, el jefe se dirigió a los hombres: «Las mujeres no son buenas. Vamos con ellas». Desde lejos, los hombres oyeron a las mujeres cantar y bailar con Kauka. Los hombres hicieron bramaderas fuera de la aldea de las mujeres. Oh, muy pronto tendrían relaciones sexuales con sus esposas.

Los hombres se acercaron a la aldea. «Esperen, esperen», susurraron. Y luego: «¡Ahora!». Se abalanzaron sobre las mujeres como indios salvajes: «¡Hu waaaaaa!», aullaron. Agitaron las bramaderas hasta que sonaron como un avión. Corrieron hacia la aldea y persiguieron a las mujeres hasta atraparlas a todas, hasta que no quedó ni una. Las mujeres estaban furiosas: «¡Deténganse, deténganse!», gritaban. Pero los hombres dijeron: «No sirve, no sirve. Sus ligas para las piernas no sirven. Sus cinturones y tocados no sirven. Han robado nuestros diseños y pinturas». Los hombres arrancaron los cinturones y la ropa, y frotaron los cuerpos de las mujeres con tierra y hojas jabonosas para lavarles los diseños. Los hombres sermonearon a las mujeres: «Ustedes no llevan el cinturón de conchas yamaquimpi. Aquí llevan un cinturón de cuerda. Nosotros nos pintamos, no ustedes. Nosotros nos ponemos de pie y pronunciamos discursos, no ustedes. Ustedes no tocan las flautas sagradas. Nosotros lo hacemos. Nosotros somos hombres». Las mujeres corrieron a esconderse en sus casas. Todas quedaron ocultas. Los hombres cerraron las puertas: esta puerta, aquella puerta, esta puerta, aquella puerta. «Ustedes no son más que mujeres», gritaban. «Ustedes hacen algodón. Tejen hamacas. Las tejen por la mañana, en cuanto canta el gallo. ¿Tocar las flautas de Kauka? ¡Ustedes no!». Más tarde, esa noche, cuando ya estaba oscuro, los hombres fueron con las mujeres y las violaron. A la mañana siguiente, los hombres fueron a pescar. Las mujeres no podían entrar en la casa de los hombres. En aquella casa de los hombres, en los tiempos antiguos. La primera de todas.

Este mito mehinaku de las amazonas es semejante a los que cuentan muchas otras sociedades tribales con cultos masculinos (véase Bamberger 1974). En estas historias, las mujeres son las primeras dueñas de los objetos sagrados de los hombres, como las flautas, las bramaderas o las trompetas. Sin embargo, a menudo las mujeres son incapaces de cuidar los objetos o de alimentar a los espíritus que representan. Los hombres se agrupan y engañan u obligan a las mujeres a renunciar al control del culto masculino y a aceptar un papel subordinado en la sociedad. ¿Qué debemos hacer con las sorprendentes semejanzas entre estos mitos? Los antropólogos coinciden en que los mitos no son historia. Es probable que los pueblos que los cuentan hayan sido tan patriarcales en el pasado como lo son hoy. En lugar de ventanas al pasado, estos relatos son historias vivas que reflejan ideas y preocupaciones centrales para la concepción que un pueblo tiene de la identidad sexual. La leyenda mehinaku comienza en tiempos antiguos, con los hombres en un estado precultural, viviendo «como animales». En conflicto con muchos otros mitos y con la opinión mehinaku recibida sobre el intelecto femenino, las mujeres eran las creadoras de la cultura, las inventoras de la arquitectura, la ropa y la religión: «Eran inteligentes, aquellas mujeres de cabeza redonda de los tiempos antiguos». El ascenso de los hombres se logra mediante la fuerza bruta. Atacando «como indios salvajes», aterrorizan a las mujeres con la bramadera, las despojan de sus adornos masculinos, las arrean hacia las casas, las violan y las sermonean sobre los rudimentos del comportamiento apropiado según el rol sexual».

Más adelante, Gregor habla directamente de la bramadera:

«El vínculo desconcertante entre la bramadera y los cultos masculinos fue observado por primera vez por el antropólogo Robert Lowie hace más de sesenta años. Él, al igual que los antropólogos de la llamada escuela difusionista, como Otto Zerries, sostenía que la amplia distribución de la bramadera era evidencia de una antigua cultura común basada en la separación de los sexos. La bramadera, según Zerries, tiene “sus raíces en un estrato cultural temprano de las tribus cazadoras-recolectoras” (1942). Y, según Lowie, el patrón asociado de los cultos masculinos es “un rasgo etnográfico originado en un único centro y transmitido desde allí a otras regiones” (1920).

El interés por la antropología “difusionista” decayó hace mucho tiempo, pero las pruebas recientes concuerdan plenamente con sus predicciones. Hoy sabemos que la bramadera es un objeto muy antiguo: hay ejemplares de Francia (13 000 a. C.) y Ucrania (17 000 a. C.) que se remontan hasta bien entrado el periodo Paleolítico. Además, algunos arqueólogos —notablemente Gordon Willey (1971)— admiten ahora la bramadera en el conjunto de artefactos que llevaron consigo los primeros migrantes a América. No obstante, la antropología moderna ha ignorado casi por completo la amplia implicación histórica de la extensa distribución y el antiguo linaje de la bramadera».

Extrañamente, Gregor concede que la bramadera probablemente llegó a América mediante difusión, junto con los primeros migrantes procedentes de Asia, pero también sostiene que los mitos no se refieren en ocasiones a acontecimientos históricos. El argumento a favor de la difusión de la bramadera se basa en parte en la historia mítica del instrumento. En Papúa Nueva Guinea, Australia y la Amazonia, se dice que las mujeres fueron las dueñas originales de la bramadera y de los misterios chamánicos asociados. Lowie y Loeb interpretan esto y otras semejanzas rituales como indicios de la difusión de un culto mistérico masculino primitivo. La primera bramadera que cita Gregor (19 000 años antes del presente, Ucrania) forma parte de la cultura gravetiense, conocida por el chamanismo y las figurillas de Venus. Se han encontrado cientos de estas figuras, sin ningún equivalente masculino. Desde Marija Gimbutas hasta Jacques Cauvin y Joseph Campbell, diversos estudiosos han sostenido que las mujeres tenían un papel prominente en el chamanismo paleolítico. Además, la cultura gravetiense figura entre las candidatas para la domesticación del perro, que ahora se sabe que era conocido por todas las culturas, incluida la australiana. Por lo tanto, existe un precedente de difusión mundial desde ese momento y lugar precisos.

Si el complejo de la bramadera se ha conservado durante 15 000 años desde su entrada en América, ¿cuál es la justificación para afirmar que no hay un núcleo de verdad en sus mitos de origen, incluida la prominencia de las mujeres? Mostrar que el conocimiento indígena incluye un recuerdo del ascenso del nivel del mar después de la Edad de Hielo es un ejercicio común. Los mitos se tratan como portadores de núcleos de verdad cuando respaldan hechos físicos ya establecidos. En principio, las verdades sociales tienen la misma probabilidad de conservarse en los mitos.

Por último, es importante recordar que estas no son creencias ociosas. Son los mitos fundacionales de los pueblos amazónicos, todavía vivos y reflejados en el ritual:

«Sin embargo, la ceremonia de Matapu no se concentra en el tema de la enfermedad. Más bien, el tema central es la oposición entre los sexos. Desde el punto de vista de los hombres, las mujeres deben ser un público desconcertado e intimidado. Por la noche, cuando las bramaderas están guardadas en la casa de los hombres, las mujeres son objeto de burlas obscenas y canciones insultantes. El último día del ritual, la única ocasión en que las mujeres participan plenamente en el ritual, los hombres las vencen en una carrera que da salida al espíritu de la aldea».

1978: A Psychoanalytic Study of the Bullroarer, Alan Dundes#

«El presente ensayo psicoanalítico llama la atención sobre los posibles componentes anales de la iniciación masculina y sostiene que la bramadera es un falo flatulento».

Dundes sostiene que la presencia generalizada de la bramadera en distintas culturas (Australia, Nueva Guinea, América del Norte y del Sur, África y Europa) y su uso en ritos de iniciación masculina están vinculados con significados simbólicos profundos. Estos significados suelen relacionarse con símbolos fálicos y anales, que reflejan la envidia masculina de las facultades procreadoras femeninas. La bramadera se considera un «falo flatulento», un símbolo que incorpora componentes tanto fálicos como anales y que se utiliza para emular las capacidades reproductivas femeninas mediante rituales de iniciación masculina.

Dundes también destaca que los mitos suelen afirmar que la bramadera fue poseída inicialmente por las mujeres y posteriormente reclamada por los hombres, lo que simboliza el intento masculino de usurpar el poder creativo femenino. La asociación de la bramadera con el trueno y el viento respalda aún más su papel simbólico en la iniciación masculina, pues representa tanto la creación fálica del sonido como la creación anal del viento.

A pesar de sostener que los nativos están atascados en la etapa anal del desarrollo, el artículo ofrece una excelente síntesis de la investigación realizada hasta ese momento. Sin embargo, su argumento realmente consiste en que la bramadera suena como un pedo y tiene forma de pene y, por ello, se reinventa una y otra vez en las iniciaciones masculinas por razones freudianas. Los muchachos serán muchachos.

1988: Myths of Matriarchy Reconsidered, Deborah B. Gewertz#

En 1861, Johann Bachofen publicó Das Mutterrecht (El derecho materno), obra en la que sostenía que la cultura humana comenzó con la relación entre madre e hijo. La introducción a la traducción inglesa señala:

“Bachofen concibe a la «madre» como aquella que da la vida y luego cuida a su hijo con amor desinteresado, devoción y sacrificio. En este sentido, el Derecho materno es una celebración de la maternidad como origen de la sociedad humana, la religión, la moralidad y la decencia. En inglés, el término «right» no transmite suficientemente los diversos significados del término alemán. Bachofen se refiere a derechos, derechos de nacimiento, justicia, leyes, intereses, autoridad y privilegios.”

Bachofen propuso cuatro etapas evolutivas de la cultura:

  1. Hetairismo: una sociedad comunal e indiferenciada, en la que las relaciones eran promiscuas y la filiación se trazaba por línea materna.
  2. Matriarcado: el surgimiento de sociedades dominadas por mujeres, en las que la descendencia y la herencia se trazaban a través de la madre.
  3. Etapa dionisíaca: un periodo marcado por el derrocamiento de los sistemas matriarcales dirigido por hombres, asociado con el surgimiento de cultos mistéricos masculinos, como los dedicados a Dioniso.
  4. Patriarcado: el establecimiento de sociedades dominadas por hombres, que estructuraron el orden social sobre la descendencia y la herencia paternas.

Bachofen razonó que habrían sido las mujeres quienes primero se elevaron por encima de las consideraciones animales y formaron familias, porque incluso en un caos promiscuo y sin restricciones, las mujeres tienen la certeza de que un niño es suyo y, por lo tanto, pueden asumir la responsabilidad de enseñarle valores humanos. En términos antropológicos modernos, este sería el comienzo de la cultura acumulativa. En el siglo XIX, tratar la díada madre-hijo como fundamento de la cultura era una idea revolucionaria. Pero no era feminista y, de hecho, partes de su libro son profundamente impopulares entre las feministas de la actualidad. Razonó además que los matriarcados ya no existen porque la civilización ha progresado.

Las teorías de Bachofen se basaban en análisis de textos clásicos y en la dialéctica hegeliana13. Interpretó el corpus griego como el relato de un matriarcado situado en un pasado remoto. Generaciones posteriores, entre ellas Joseph Campbell y Marija Gimbutas, encontraron apoyo para sus teorías en el mito y la arqueología. Myths of Matriarchy Reconsidered es una reacción contra este movimiento.

Lo sorprendente es que incluso los ensayos críticos coinciden en un conjunto de hechos difícil de explicar. Considérese “‘Myths of Matriarchy’ and the Sacred Flute Complex of the Papua New Guinea Highlands” [«“Mitos del matriarcado” y el complejo de la flauta sagrada de las tierras altas de Papúa Nueva Guinea»], de Terence Hays:

“Por ejemplo, Fischer concluye (1983:96) que el motivo «de que el instrumento secreto perteneciera primero a una mujer corresponde totalmente al mito de origen de la bramadera», afirmación respaldada por el estudio de Gourlay sobre los instrumentos «esotéricos» de Papúa Nueva Guinea: de «catorce mitos… que explican el origen de la bramadera (a diferencia de los relatos en los que esta ya existe), todos salvo dos asocian su primera aparición con mujeres» (1975:79)…

Cabe añadir que las mujeres también aparecen como las inventoras o poseedoras originales de la bramadera entre los baruya, gadsup, agarabi, auyana y tairora. Solo entre los fore se atribuye el mérito a un hombre, e incluso allí se dice que el creador masculino la inventó como reacción envidiosa ante la invención de las flautas sagradas por parte de su contraparte femenina (Berndt 1962:51).”

Recuérdese que Bachofen sostenía que había ocurrido un golpe de Estado masculino vinculado con los cultos mistéricos masculinos del orden de Dioniso. En el caso europeo, la evidencia mitológica es indirecta. Bachofen da varios saltos para llegar a su teoría radical. Es una gran sorpresa que, en muchas otras partes del mundo —sin que Bachofen lo supiera—, la historia sea explícita: «Nuestro culto mistérico de la bramadera fue inventado por mujeres, y nosotros se lo robamos». Esta fue una predicción fuera de muestra, y los hechos sobre el terreno son aceptados incluso por quienes consideran que los mitos no significan nada.

1992: Ritual Masks: Deceptions and Revelations, Pernet Henry#

“El mito del descubrimiento de las máscaras por parte de las mujeres se inscribe en una tradición más amplia. En realidad, según los mitos de un gran número de sociedades, las mujeres son consideradas las primeras propietarias de diversos objetos sagrados y rituales importantes —emblemas totémicos, bramaderas, máscaras, cantos y danzas ceremoniales, etc.—; también son la fuente de muchas instituciones y aspectos de la cultura, y desempeñan asimismo un papel determinante en los acontecimientos que hicieron del mundo y de la condición humana lo que son ahora.”

No llega tan lejos como para respaldar su difusión, pero señala que constituye una buena hipótesis de trabajo y cita aprobatoriamente a Alfred L. Kroeber (1920):

“la suposición de un origen independiente, cuando los hechos disponibles no imponen con bastante claridad una convicción contraria, tiene algo en común con la suposición de la generación espontánea de los zoólogos antiguos. Sostiene que un examen detallado desde el punto de vista de una hipótesis de trabajo sobre la conexión es normalmente preferible, porque proporciona al menos una explicación que puede ponerse a prueba y corregirse, mientras que la suposición de un origen espontáneamente independiente suele equivaler a refugiarse en un principio tan vago que su efecto consiste en impedir nuevas investigaciones de carácter histórico.”

También hace referencia aprobatoria a Willhelm Koppers (1930), en “The question of possible ancient cultural connections between the southernmost South America and Southeast Australia” [«La cuestión de las posibles conexiones culturales antiguas entre el extremo meridional de Sudamérica y el sureste de Australia»], pero no pude localizar el artículo original, ni habría podido leerlo, ya que originalmente está en alemán (“Die Frage eventueller alter Kulturbeziehungen zwischen dem siidlichsten Sudamerika und Siidostaustralien”). Véase también la disertación de Henry de 1978 sobre la difusión de las máscaras.

1995, Blood Relations: Menstruation and the Origins of Culture, Chris Knight#

Este tratado de 580 páginas sostiene que la cultura humana comenzó hace aproximadamente 50,000 años, cuando las mujeres establecieron un pacto colectivo por el que negaban sexo a los hombres a menos que estos compartieran el botín de caza. Interpreta los rituales de la bramadera en todo el mundo como un recuerdo de este acontecimiento.

El origen de la bramadera. Amazonia: méhinaku.

En tiempos antiguos, las mujeres ocupaban las casas de los hombres y tocaban las flautas sagradas en su interior. Nosotros, los hombres, cuidábamos a los niños, procesábamos la harina de mandioca, tejíamos hamacas y pasábamos el tiempo en las viviendas, mientras las mujeres despejaban los campos, pescaban y cazaban. En aquellos días, los niños incluso mamaban de nuestros pechos. Un hombre que se atreviera a entrar en la casa de las mujeres durante sus ceremonias era violado en grupo por todas las mujeres de la aldea en la plaza central. Un día, el jefe nos reunió y nos mostró cómo fabricar bramaderas para asustar a las mujeres. En cuanto las mujeres oyeron el terrible zumbido, soltaron las flautas sagradas y corrieron a esconderse en las casas. Tomamos las flautas y nos apoderamos de las casas de los hombres. Hoy, si una mujer entra aquí y ve nuestras flautas, la violamos. Hoy las mujeres amamantan a los bebés, procesan la harina de mandioca y tejen hamacas, mientras nosotros cazamos, pescamos y cultivamos. (Gregor 1977: 255)”

Knight dedica mucho tiempo a relacionar la bramadera con el culto a las serpientes, que supone se remonta a hace 50,000 años. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que no hay evidencia de la serpiente arcoíris hasta hace 6,000 años. En contraste, en Eurasia existe evidencia de un culto a las serpientes mucho más antiguo, a menudo asociado con serpientes. Un modelo más sencillo es el de una difusión mucho más tardía hacia Australia —y hacia América y África—.

1998: What is wrong with music archaeology? A critical essay from Scandinavian perspective including a report about a new find of a bullroarer, Cajsa Lund#

Informa sobre un artefacto de esquisto que posiblemente se utilizó como bramadera, fechado entre 5.5 y 8 kya. Es interesante para nuestros propósitos, pues demuestra que las bramaderas pueden fabricarse a veces con materiales que se conservan bien. Esta bramadera se compara con una bramadera de hueso de hace 8.5 kya, célebre en la disciplina por ser hasta la fecha el instrumento musical escandinavo más antiguo. (Recuérdese que las dos culturas europeas que todavía utilizan la bramadera —la vasca y la sami— conservan ambas una influencia preindoeuropea). En este artículo, las bramaderas se utilizan como indicador de cuestiones epistémicas. Puede observarse el desplazamiento de las grandes teorías hacia argumentos restringidos que buscan reducir la incertidumbre en un único segmento de una sola región de la arqueología de la música.

2001: Gender in Amazonia and Melanesia: An Exploration of the Comparative Method, Gregor y Tuzin#

Imagen de The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

El trabajo de Gregor de finales de la década de 1970, dedicado a recopilar y analizar relatos sobre la bramadera en América, fue citado en Blood Relations y Anxious Pleasures. Más de dos décadas después, Gregor editó una colección de ensayos que comparaban los complejos rituales de la bramadera en Melanesia y la Amazonia:

«Hace aproximadamente cien años, los antropólogos identificaron lo que se convertiría en un misterio intrigante y perdurable de la historia cultural: la cuestión de las fuentes y las implicaciones teóricas de las notables similitudes entre las sociedades de la Amazonia y Melanesia. Separadas por todo un mundo y por cuarenta mil años o más de historia humana, algunas de las culturas de ambas regiones, no obstante, guardaban sorprendentes semejanzas entre sí. Tanto en la Amazonia como en Melanesia, los etnógrafos de la época encontraron sociedades organizadas en torno a casas de hombres. Allí, los hombres realizaban rituales secretos de iniciación y procreación, excluían a las mujeres y castigaban con violación en grupo o muerte a quienes violaban el culto. En ambas regiones, los hombres narraban mitos semejantes que explicaban los orígenes de los cultos y de la separación de los géneros. Las semejanzas eran tales que convencieron a antropólogos de la época, entre ellos Robert Lowie, Heinrich Schurtz y Hutton Webster, de que solo podían haber surgido mediante difusión. Lowie declaró tajantemente que los cultos de hombres son «un rasgo etnográfico originado en un único centro y transmitido desde allí a otras regiones».

La escuela difusionista de antropología perdió fuerza poco después, y durante un largo periodo también decayó el interés por las desconcertantes semejanzas entre sociedades específicas de ambas regiones. No obstante, durante ese periodo los antropólogos continuaron señalando informalmente las similitudes entre regiones separadas por una brecha tan vasta de historia y geografía.»

En primer lugar, nótese que las dos culturas no están separadas por 40,000 años. El perro fue domesticado hace aproximadamente 20,000 años en algún lugar de Eurasia y posteriormente se difundió a ambas culturas. La bramadera pudo haber seguido la misma ruta, o incluso una más reciente. Además, en una nota al pie sí afirma que la difusión en esas escalas temporales es posible, aunque no forma parte del análisis de ninguno de los ensayos. Es el único autor de la antología que contempla esa posibilidad.

Más aún, Gregor afirma explícitamente que la bramadera cayó en el olvido porque la difusión se volvió impopular. De ello podemos inferir que la explicación más obvia es la difusión. Si la bramadera hubiera respaldado con igual facilidad otros marcos teóricos, como el de la unidad psíquica de la humanidad, no habría perdido vigencia junto con la difusión.

Gregor concluye la antología afirmando: «En gran medida, las similitudes entre la Amazonia y Melanesia consisten en las posibilidades limitadas impuestas por las condiciones de adaptación a la selva tropical, o pueden rastrearse hasta ellas». Esto quizá explique sus sistemas semejantes de subsistencia y parentesco, así como su división del trabajo. O incluso las «variables sociales, culturales y psicológicas» que determinan «cómo llega a hipercognizarse el género». Tal vez, pero no explica la bramadera, y eso nunca se aborda. Se trata de un fracaso notable, dado que la bramadera aparece en la portada del libro y ha sido central para el debate durante más de 100 años. Además, la explicación de la «selva» fracasa en la prueba más sencilla. Los cultos mistéricos del centro de Australia tienen muchas similitudes con los de la Amazonia y Melanesia, particularmente en lo relativo al género. Y, sin embargo, el centro de Australia es uno de los desiertos más inhóspitos del mundo.

La antología también contiene una defensa incisiva del método comparativo (que también ha sido problematizado en antropología):

«En términos más generales, los estudios [de este volumen] ponen de manifiesto el poder y la versatilidad del método comparativo. Como Boas percibió correctamente, el “método comparativo” victoriano era inaceptablemente procustiano, en el sentido de que las comparaciones interculturales se manipulaban para verificar la doctrina de una secuencia universal y unilineal del desarrollo cultural. La crítica era importante y oportuna, pero tuvo ciertas consecuencias desafortunadas a largo plazo. En primer lugar, desacreditó —o impuso exigencias imposibles a— la comparación como tal, impidiendo así —u obstruyendo continuamente— el surgimiento de la antropología como ciencia humanística. En segundo lugar, la crítica boasiana desacreditó la búsqueda de universales de la experiencia y la cultura humanas, dejando así a la antropología cultural mal equipada, tanto intelectual como metodológicamente, para incorporar descubrimientos posteriores —especialmente los de finales del siglo XX— en psicología, biología evolutiva, neurociencia y genética, disciplinas que operan cómodamente en la interfaz entre la humanidad universal y la particular. Finalmente, fomentó —como supuesta alternativa al universalismo— la doctrina del relativismo cultural, que, llevada a su conclusión lógica, glorifica la incomparabilidad misma de las culturas. Tal insularidad cultural es, a nuestro juicio, una fantasía, pero ha contribuido a una insularidad intelectual muy real entre los antropólogos culturales y, por parte de la antropología, frente a importantes disciplinas afines; esta insularidad —o, si se prefiere, fragmentación o falta de una causa común— subyace al malestar o a la sensación de crisis posparadigmática que se percibe en la antropología actual.»

Por último, una nota al pie dice:

«En una tesis doctoral de próxima publicación, el etnomusicólogo Robert Reigle (n.d.) escribe sobre los instrumentos, melodías, leyendas y prácticas relacionadas notablemente similares que existen en el Matto Grosso brasileño y en las provincias de East Sepik y Madang de Papúa Nueva Guinea. “Lo más sorprendente”, comenta (comunicación personal), “son las formas musicales y los instrumentos que no parecen existir en ningún lugar salvo Brasil y Nueva Guinea”.»

La tesis se publicó ese mismo año, pero el tratamiento más directo de la cuestión por parte de Reigle apareció 15 años después. Esto merecería su propia entrada, salvo que su enfoque no está en la bramadera. Una vez más, afirma que los antropólogos dejaron de intentar responder ciertas preguntas durante medio siglo, y expresa, aunque tímidamente, el deseo de recuperar esa línea de investigación:

«Los sorprendentes paralelos entre los sistemas religioso-sonoros, geográfica e históricamente distantes, del pueblo Nekeni (aldea de Serieng, Papúa Nueva Guinea) y de los Enauené-Naué de la Amazonia brasileña fascinaron a los bikmen (tok pisin, “hombres importantes”) y a personas de todas las edades de varias aldeas de los alrededores de Serieng. En este artículo, sitúo esos paralelos dentro de un marco amplio, después de presentar algunas ideas sobre el valor potencial del trabajo comparativo. En lugar de defender una respuesta definitiva particular, mi objetivo es plantear preguntas pertinentes sobre las complejas relaciones entre la música de Serieng y la música Enauené-Naué, tal como las sugieren los aparentes paralelos musicales y culturales. Propongo reavivar una vía de investigación que muchos etnomusicólogos estadounidenses han descuidado desde finales de la década de 1960 y a la que solo han regresado gradualmente desde el comienzo del siglo XXI.»

2003: The Evolutionary Origins and Archaeology of Music, Iain Morley#

Tesis doctoral que resume la evidencia de las primeras bramaderas:

«Aunque no se ha afirmado que ninguna de estas piezas semejantes a colgantes fuera un instrumento musical, varias piezas similares, procedentes de contextos que van del Auriñaciense al Gravetiense, han sido propuestas como posibles bramaderas (Scothern 1992); dado que muchas piezas pequeñas de hueso, semejantes a colgantes y con una sola perforación, parecen ser producto de la mordedura y digestión de carnívoros, hasta que los artefactos considerados bramaderas vuelvan a analizarse de acuerdo con los criterios de d’Errico y Villa, será imposible formular afirmación alguna sobre su origen antrópico, y mucho menos sobre su función… Sin embargo, existen ejemplos de supuestas bramaderas cuyo origen humano no admite duda. Un ejemplo particularmente espectacular es un artefacto procedente de capas del Magdaleniense en La Roche de Birol, en la Dordoña (véase la Figura 3.1).»

2009: Spin as Creative Consciousness, Bethe Hagen#

Hagen señala que la mejor explicación es la difusión, pero que ya no quedan difusionistas que la defiendan:

«La bramadera y el zumbador fueron instrumentos antaño bien conocidos y apreciados por los antropólogos. Dentro de la profesión funcionaron como artefactos emblemáticos que simbolizaban el compromiso relativista cultural con la invención independiente, aun cuando las evidencias —de tamaño, forma, significado, usos, símbolos y ritual— que se extendían a lo largo de decenas de miles de años de historia humana apuntaban a la difusión. En prácticamente todas las partes del mundo, incluso hoy, estos artefactos continúan inventándose (?) y volviendo a simbolizarse de muchas de las maneras antiguas.»

Este es un tema recurrente. Recuérdese que Gregor dijo esencialmente lo mismo en 1973 y que, en 2001, afirmó que el interés por las similitudes a escala mundial continuó informalmente durante décadas, aunque no se publicara nada sustancial. No hay misterio en cuanto a por qué nadie siguió investigando la difusión. Durante generaciones, los antropólogos han aceptado el marco según el cual la difusión exige admitir que algunas personas son capaces de creatividad y otras no. Espero que la falacia resulte evidente. Ese supuesto no ha aparecido ni una sola vez en este recorrido por la bramadera, el artefacto más perdurable del caso difusionista. Además, incorpora una falacia estadística flagrante. Imaginemos una lotería. Alguien gana. ¿Implica esto acaso que nadie más podría haber ganado? Por supuesto que no. Ahora pensemos en el inventor de la ceremonia de la bramadera como alguien que ganó la lotería de las ideas. ¿El hecho de que una persona la inventara implica que nadie más en el mundo podría haberlo hecho? Por supuesto que no. La historia depende de la trayectoria, pero eso no implica que las otras trayectorias nunca hayan existido.

Cabe mencionar que algunos difusionistas eran racistas y pensaban que los grandes logros culturales de los pueblos no occidentales debían atribuirse a un contacto olvidado con los egipcios o los atlantes. No es que los antropólogos hayan construido un hombre de paja de la nada. Sin embargo, los difusionistas que se concentraban en la bramadera nunca formularon estos argumentos14. En parte, porque todo indica que la bramadera debió de difundirse en una etapa cultural muy temprana, antes de que las pirámides fueran siquiera un destello en los ojos de Keops. Pero también porque eran menos propensos a vuelos desbocados de la imaginación. Intentaban explicar la distribución de la bramadera, no justificar la creencia de que los pueblos no occidentales carecían de inventiva ni rastrear a las diez tribus perdidas de Israel. Ambos grupos creen en la difusión como mecanismo, pero tienen motivaciones y estándares de evidencia radicalmente distintos. Agruparlos, o peor aún, tratar a los cazadores de la Atlántida como la representación del difusionismo, confunde la cuestión.

Hagen ha tenido que mover algunas influencias para poder estudiar la bramadera. En un texto de 2012, explica cómo examinó especímenes en Papúa Nueva Guinea:

«Todavía recuerdo la luz en los ojos de mi profesor cuando hablaba de ellas. No debían ser vistas por mujeres, así que, por supuesto, yo tenía que ver una. Solo pude encontrar una pequeña ilustración granulosa en un libro de texto. Muchos años después, el director del Museo Nacional de Papúa Nueva Guinea se negó a concederme permiso para fotografiar su increíble colección de bramaderas porque yo era mujer, pero encontró una solución alternativa. Agitó la mano, sonrió y dijo: “¡Usted es un hombre ceremonial!”».

También menciona que se han encontrado bramaderas en Çatalhöyük y en la tumba del rey Tut.

2010: The Bullroarer Cult in Cuba, Michael Marcuzzi#

El culto de la bramadera se utiliza como ejemplo de la persistencia de la cultura africana entre los esclavos del Nuevo Mundo.

2011: The Neolithic in Turkey, New Excavations & New Research, Vecihi Özkaya, Aytaç Coşkun#

La última página del apéndice incluye estas imágenes:

Image from The Bullroarer: a history of man's most sacred ritual object

No se identifican como bramaderas. El tratamiento es el siguiente:

«En las superficies de artefactos óseos decorativos, por lo general óvalos alargados, hay decoraciones de líneas incisas (Özkaya and San 2007) y figuras (Figs. 36-37). Estos artefactos tienen orificios en el centro o en uno de sus extremos, lo que sugiere un posible uso funcional para estos objetos, aunque su propósito funcional preciso no está claro. También se observan paralelos cercanos con aquellos que presentan decoraciones incisas sencillas (Özkaya and San 2007) en Hallan Cemi (Rosenberg and Davis 1992).

Aparte de estos, vale la pena señalar otros tres objetos óseos singulares recuperados durante la temporada de 2008 (Fig. 37). En uno de ellos —conservado solo parcialmente— puede discernirse la figura incisa de un escorpión, aunque falta parte de la composición. Aunque tampoco está completamente conservado, el segundo hallazgo presenta figuras incisas en su superficie semio­val. Aquí puede discernirse una serpiente con un cuerpo compuesto por múltiples líneas en zigzag y una cabeza triangular, representada en posición perpendicular».

La figura 37 es particularmente identificable como una bramadera. Los autores señalan hallazgos similares en Hallan Cemi. En 2016 se publicaron hallazgos similares en Göbekli Tepe, momento en el cual volveremos a la cuestión de la identificación. Se publicó una versión ligeramente más pulida de esta investigación: Körtik Tepe: The first traces of civilization in Diyarbakir.

2013: The prehistory of music : human evolution, archaeology, and the origins of musicality, Iain Morley#

La sección «¿Revolución cultural?» analiza el Paleolítico superior. Comienza así:

«Una posibilidad que se ha contemplado desde hace mucho tiempo es que la aparición de tales comportamientos en el registro europeo represente una auténtica “revolución” en las capacidades de los humanos modernos tras su llegada a Europa, como parte de un conjunto de comportamientos que tradicionalmente se ha considerado que incluye el simbolismo, en forma de representación (“arte”) y ornamentación, así como tecnologías como las puntas de hueso, los arpones y las hojas de sílex.

Alternativamente, podría indicar la difusión y popularización de tales comportamientos, y esto no necesariamente tendría que ser indicativo de un cambio en la capacidad cognitiva para llevarlos a cabo; hoy en día hay muchas personas en el mundo con la capacidad cognitiva para usar o programar una computadora, por ejemplo, pero que nunca lo harán, al igual que sus contemporáneos dentro de su cultura».

Poco después, se dedican cinco páginas a la bramadera. Se señalan brevemente las similitudes, pero la mayor parte de la sección aborda las frecuencias que producen distintas muestras y la dificultad de saber si un artefacto se utilizó, de hecho, como bramadera (incluso si funciona como tal). No aborda por qué la bramadera se utiliza de manera similar, ni siquiera al comparar las explicaciones de la difusión y de la unidad psíquica. Esto resulta particularmente irritante porque se trata de un libro sobre la evolución humana. Si el Paleolítico superior no fue una revolución cognitiva, dice que podría indicar la “difusión” de tales comportamientos. La bramadera se ha discutido durante un siglo como marcador de esa difusión. La tesis sería mucho más sólida si utilizara la vasta bibliografía sobre las bramaderas para intentar arrojar luz sobre la cuestión de cómo evolucionó el comportamiento moderno.

2015: The Domesticated Penis: How Womanhood Has Shaped Manhood, Loretta Cormier and Sharyn Jones#

Este es quizá el mejor resumen —y el más imparcial— del complejo de la bramadera hasta la fecha. Incluye cientos de citas y recuerda el rigor que incluso los argumentos de apoyo requieren en el ámbito académico. Como ocurre con gran parte de la investigación anterior, la introducción muestra que los hechos centrales no son objeto de debate y requieren una explicación, pero los antropólogos ya no tienen interés en ello.

«El enigma del complejo de la bramadera prácticamente se ha desvanecido de la conciencia de la antropología contemporánea. Sin embargo, entre los primeros antropólogos, a finales del siglo XIX y principios del XX, encontrar una explicación para la amplia presencia de la bramadera y sus similitudes simbólicas entre distintas culturas era fundamental para las teorías incipientes del fenómeno cultural».

La cantidad de citas de diferentes culturas es impresionante, pero en su mayor parte ya se examinó en los estudios anteriores15. Estos son algunos ejemplos relativamente singulares, acompañados de ciertos comentarios:

  • «Los cantores navajos asocian la bramadera con los diyin din’é’, los Seres Sagrados».

    • Los Seres Sagrados son responsables de la creación del mundo y de la instauración del orden y el equilibrio. Se cree que enseñaron al pueblo navajo las maneras correctas de vivir, incluidos los ritos, las prácticas curativas y las normas éticas (cfr. el Tiempo del Sueño australiano).
  • «Entre los ngarinyin [Australia], la bramadera es el nombre de la serpiente arcoíris Maiangara».

  • «Entre los dogón de Malí, la bramadera se utiliza en la ceremonia sigi, que se celebra una vez cada 60 años. La bramadera representa el habla de los muertos y se dice que pronuncia: “Trago, trago, trago hombres, mujeres y niños; lo trago todo”».

  • «Otro tema en Papúa Nueva Guinea es la asociación de la bramadera con ritos agrícolas o con el control de los elementos de la naturaleza… Los kiwai también utilizan la bramadera en ritos agrícolas, y esta figura en dos mitos: uno asociado con los orígenes de la agricultura y otro con la inversión de los roles de género entre hombres y mujeres.75 El mítico Soido mató a su esposa, y de su cuerpo muerto brotaron todos los vegetales. Soido los recogió y se los comió, pero pasaron a su pene. Cuando se retiró la primera vez que tuvo relaciones sexuales con una nueva esposa, todos los vegetales que había en su pene quedaron esparcidos por el campo. Este fue el origen de los vegetales. En los ritos agrícolas, la bramadera se utiliza para estimular el crecimiento de los ñames. Después de que hombres y mujeres tienen relaciones sexuales, sus secreciones se untan en la bramadera, que se hace girar, provocando que la “medicina” se esparza por el campo. En otro mito kiwai, una mujer descubrió la bramadera cuando una astilla de madera salió volando de un árbol que estaba cortando y produjo un zumbido. En un sueño, Maigidubu, un hombre-serpiente antropomorfo, le indicó que entregara la bramadera a su esposo».

    • En Göbekli Tepe y Körtik Tepe se han encontrado bramaderas fechadas justo antes de la invención de la agricultura. En Körtik Tepe, incluso están decoradas con serpientes. Es posible que formaran parte de un conjunto de ideas culturales previo que condujo al sedentarismo y a la agricultura.
  • «El etnólogo y arqueólogo alemán Leo Frobenius sostuvo [1898] que la bramadera derivaba del pez en el anzuelo, es decir, de la manera en que se vería un pez colgando de un sedal».

    • Abundan las historias ad hoc cuando se intenta evitar la difusión.
  • «El complejo de la bramadera aparece en tradiciones que poseen tanto profundidad temporal como una amplia distribución geográfica. No sabemos hasta qué punto este interesante elemento de la cultura material se difundió por todo el mundo o fue inventado de manera independiente en distintas partes del planeta. No obstante, resulta intrigante que en algunos mitos la bramadera fuera considerada un objeto femenino antes de asociarse con los hombres y la masculinidad. La bramadera se utilizaba con frecuencia para marcar los ritos de iniciación masculina y conmemorar acontecimientos importantes».

2016: A Decorated Bone ‘Spatula’ from Göbekli Tepe. On the Pitfalls of Iconographic Interpretations of Early Neolithic Art, Dietrich y Notroff#

«La interpretación funcional de estas “espátulas de hueso” resulta bastante difícil. Los hallazgos fuera de Göbekli Tepe, así como los dos fragmentos encontrados allí, tienen extremos más semejantes a hojas y podrían haberse utilizado como herramientas. Sin embargo, en la mayoría de los casos la decoración llega hasta el extremo presuntamente activo de la herramienta y, por lo general, parece demasiado elaborada para una herramienta sencilla destinada a levantar o extender materiales. Los agujeros en los extremos más estrechos podrían haber tenido simplemente la finalidad de evitar la pérdida de un objeto potencialmente importante desde el punto de vista simbólico, atándolo con un cordel. Pero también podrían haber desempeñado una función práctica.

Un grupo de objetos con una forma general similar, bien conocido en contextos arqueológicos y etnográficos, es el de las bramaderas, es decir, instrumentos musicales, por lo general hechos de madera, que producen un ruido al hacerse girar sujetos a un cordel largo (p. ej., Seewald 1934; Zerries 1942; Maringer 1982; Morley 2003: 33-37; Fischer 2009). Los datos etnográficos ofrecen una amplia variedad de usos posibles de las bramaderas, que van desde el ritual cultual hasta tareas más profanas, como ahuyentar animales de las plantaciones (Morley 2003: 33, con bibliografía).

En el registro arqueológico, las bramaderas han sido identificadas desde el Paleolítico. Sin embargo, en muchos casos su función ha sido objeto de duda (Fischer 2009: 3-4). Hay objetos destacados, en ocasiones ricamente decorados y con una probable función de bramadera, procedentes de importantes sitios paleolíticos franceses, entre otros, La Roche de Birol, Dordoña (Magdaleniense), Abri de Laugerie Basse (Magdaleniense), Lespugue (Solutrense) y Badegoule (Morley 2003: 34-35, Fig. 3.1-2). El trabajo experimental de Dauvois (1989) ha demostrado la capacidad de estas piezas para producir sonidos. Se conoce un ejemplo del Paleolítico superior tardío procedente de Stellmoor, en el norte de Alemania (cultura de Ahrensburg: Maringer 1982: 129), y existe una lista más extensa de posibles bramaderas procedentes de contextos mesolíticos (p. ej., Fischer 2009: 12).

Para volver al Cercano Oriente, el uso de bramaderas en el PPN está corroborado por unos colgantes de hueso del tipo de las bramaderas procedentes de Çatalhöyük (Russell 2005: 351, Fig. 16.14a). Russell analiza tentativamente una función como bramaderas para estos objetos; sin embargo, son más bien pequeños.

No obstante, debe señalarse que las piezas del PPN procedentes del sureste de Turquía son un poco diferentes de la forma habitual de las bramaderas. Algunas bramaderas tienen forma de lanceta, con dos extremos que se estrechan; otros ejemplos tienen un extremo estrecho y otro ancho, pero por lo general este último presenta el agujero para el cordel. Por lo tanto, persiste cierta duda respecto de la interpretación funcional de estos objetos, aunque parecen haber tenido un gran valor para sus usuarios, pues aparecen como ajuares funerarios en Körtik Tepe. Una reproducción experimental de las presuntas bramaderas del PPN, hecha de madera dura, cumple muy bien su función y produce un sonido de vibrato grave».

En esencia, parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato. Incluso construyeron una réplica y esta brama como un toro. Pero el artículo se centra en la incertidumbre —en lo que no puede afirmarse como un hecho— y concluye:

«El objetivo de la presente contribución no es demostrar que el arte neolítico en general sea incomprensible. Pero debe existir una conciencia básica del hecho de que no toda representación es “legible” sin lugar a dudas y de que, naturalmente, tales representaciones no deben utilizarse como evidencia para interpretaciones de gran alcance».

Es cierto, pero no resulta especialmente interesante. La ciencia exige razonar bajo condiciones de incertidumbre, y los autores nunca abordan qué significaría que el objeto fuera realmente una bramadera. ¿Modificaría eso nuestra visión de Lang, quien en 1885 afirmó:

«los griegos conservaron tanto los misterios, la bramadera, la costumbre de embadurnar al iniciado, la tortura de los muchachos, las obscenidades sagradas, las cabriolas con serpientes, las danzas y cosas semejantes, desde la época en que sus antepasados se encontraban en estado salvaje».

Los estudios genéticos nos dicen que los antepasados de los griegos fueron agricultores anatolios, como los de Göbekli Tepe (donde estaban inventando la agricultura). O considérese a Zerries (citado en el artículo), quien sostuvo que la bramadera se difundió «en un estrato cultural temprano de tribus cazadoras-recolectoras». O a Loeb, quien afirmó que se difundió junto con toda una ceremonia masculina de iniciación basada en la muerte y el renacimiento. En 2016, el mismo año en que se publicó el artículo, Dietrich escribió en el blog oficial de Göbekli Tepe:

«Tomando en cuenta la iconografía feroz y mortal de los recintos de Göbekli Tepe, los ritos de iniciación masculina que incluían la caza de animales feroces y el descenso simbólico a un otro mundo (especialmente si los recintos realmente tenían techo), la muerte y el renacimiento simbólicos como iniciado podrían haber sido uno de los propósitos de los rituales de Göbekli Tepe».

Es notable que la persona que encontró la bramadera en Göbekli Tepe ya creyera que el sitio probablemente albergaba iniciaciones al estilo dionisíaco, conociera la bibliografía sobre la bramadera y, aun así, ni siquiera mencionara las implicaciones de una bramadera en Göbekli Tepe. El sitio incluso cuenta con las serpientes requeridas, al igual que los Misterios dionisíacos y muchos otros cultos mistéricos de la bramadera. Probablemente también estaba al tanto de que otros arqueólogos habían especulado que Göbekli Tepe y otros templos del PPN fueron las primeras manifestaciones del culto dionisíaco16. Como dijo Gregor décadas antes: «El interés por la antropología “difusionista” había disminuido desde hacía mucho tiempo, pero la evidencia reciente concuerda plenamente con sus predicciones».

2016: The Waters of mendangumeli: A masculine psychoanalytic interpretation of a new guinea Flood myth— and Women’s laughter, Eric Silverman#

En una suerte de retorno al pasado, la bramadera vuelve a pasar por el filtro freudiano. Como de costumbre, se acepta la existencia de ciertos mitos comunes:

«“Las mujeres tenían flautas y daban a luz”, me dijo un hombre. “Nosotros no teníamos nada” (véase también Hogbin 1970:101). O casi nada. Los hombres ancestrales sí poseían la bramadera, que un día hicieron girar. El ruido asustó a las mujeres primordiales, quienes huyeron, lo que permitió a los hombres robar las flautas y otros objetos sagrados (véase también Hays 1988)».

2017: Cosmology Performed, the World Transformed: Mimesis and the Logical Operations of Nature and Culture in Myth in Amazonia and Beyond, Deon Liebenberg#

Este artículo sostiene que los rituales de la bramadera y los mitos de creación forman una filogenia mundial que se remonta al Paleolítico europeo. Solo ha sido citado un par de veces y fue publicado por alguien perteneciente a un departamento de Informática y Diseño. Compárese esto con los teóricos anteriores de la bramadera, que fueron antropólogos influyentes. Los modelos que la bramadera tiende a respaldar sencillamente no son muy populares.

2019: A functional investigation of southern Cape Later Stone Age artefacts resembling aerophones, Kumbani et al.#

Este artículo examina artefactos descritos anteriormente como colgantes y muestra que sus marcas de desgaste son más propias de algo hecho girar con fuerza (p. ej., una bramadera). Sería fascinante aplicar estos métodos a muchos otros artefactos inciertos.

Nótese hasta qué punto su descripción podría aplicarse a Australia:

«Los hombres ju|’hoansi ancianos tocan la bramadera, que es un instrumento secreto, durante las ceremonias de iniciación, y después la queman (England, 1995, citado en Mans y Olivier, 2005). Para los ju|’hoansi, el sonido de la bramadera está asociado con creadores míticos; entre los !kung, el sonido del !xoe, tocado por un hombre anciano durante las ceremonias de iniciación, indica la presencia de dios».

2022: Australian Aboriginal symbols found on mysterious 12,000-year-old pillar in Turkey—a connection that could shake up history, equipo de Archeology World#

El chamanismo y el arte rupestre australianos presentan algunas similitudes sorprendentes con los símbolos encontrados en Göbekli Tepe. A continuación se muestran tres imágenes y sus pies de imagen tomados del artículo:

«Izquierda: una piedra churinga australiana. Derecha: un acercamiento al pilar central del Recinto D de Göbekli Tepe con un símbolo similar. El pilar representa a una deidad, lo que demuestra que este símbolo era igualmente sagrado en las culturas que crearon ambos objetos».
«Izquierda: una piedra churinga australiana. Derecha: un acercamiento al pilar central del Recinto D de Göbekli Tepe con un símbolo similar. El pilar representa a una deidad, lo que demuestra que este símbolo era igualmente sagrado en las culturas que crearon ambos objetos».
“En Hasankeyf se encontró una «piedra churinga», otro sitio de 12 000 años de antigüedad en Turquía dejado por el mismo pueblo desaparecido.”
“En Hasankeyf se encontró una «piedra churinga», otro sitio de 12 000 años de antigüedad en Turquía dejado por el mismo pueblo desaparecido.”
“En Hasankeyf se encontró otra «piedra churinga». El grabado se asemeja a una doble hélice.”
“En Hasankeyf se encontró otra «piedra churinga». El grabado se asemeja a una doble hélice.”

Las piedras churinga son una clase de objetos rituales de Australia que incluye las bramaderas y los zumbadores. Cabe destacar que, en muchas partes del mundo, las bramaderas y los «zumbadores» de dos orificios aparecen juntos, como en los Misterios dionisíacos. Archeology World se acerca tanto al modelo preciso que los antropólogos han propuesto durante décadas: un culto mistérico chamánico primordial extendido por todo el mundo, Australia incluida. Y, sin embargo, está aderezado con preguntas acerca de una raza mística perdida que quizá comprendía que el ADN era una doble hélice.

Abordo este episodio en el ensayo Archeologists vs. Ancient Aliens. Para hacerles justicia, los partidarios de esta última corriente se abstuvieron de afirmar que esto fuera evidencia de que los alienígenas habían editado nuestro ADN y sí lograron sacar a colación las bramaderas. Desafortunadamente, no supieron aprovechar su ventaja y terminaron inmersos en un debate sobre si el Smithsonian ha estado ocultando la existencia de gigantes precolombinos.

2023: muestra académica actual#

Lo que nos lleva a la investigación actual. Todo lo anterior fue seleccionado porque es significativo de alguna manera. Sin embargo, una búsqueda de «bullroarer» en Google Scholar arroja docenas de resultados cada año. Ahora, los títulos son cosas como:

Algunos de estos trabajos son útiles en un sentido limitado. Pero lo que los une es una falta absoluta de interés en la gran cuestión de la distribución de la bramadera.

Conclusión#

La explicación más sencilla para este conjunto de hechos es que la bramadera fue inventada una sola vez, hace mucho tiempo, y luego se difundió. Esto explica por qué la bramadera es más común en sociedades conservadoras (primitivas), por qué está asociada con rituales e ideas similares y por qué los antropólogos la han ignorado durante 50 años. Esta no es la única explicación, pero podemos tener la certeza de que es la más sencilla debido a ese último hecho. Los antropólogos dejaron de discutir la bramadera después de que la difusión se convirtiera en un problema teórico, pese a los hallazgos posteriores que continúan respaldando la monogénesis. Recuerden que se planteó la hipótesis de que los cultos mistéricos de la bramadera formaban parte de la rebelión contra el matriarcado primitivo antes de que se realizara antropología alguna fuera del mundo clásico. (También recuerden que el hecho de que las mujeres inventaran un conjunto de rituales que después los hombres robaron cumpliría con ese criterio; el matriarcado no tiene que significar dominación política).

La ventaja es que los Misterios de cada cultura pueden haber descendido del Misterio Original (posiblemente descubierto por mujeres). Una idea tan poderosa que inspiró a millones de personas a mantenerla en secreto, a mantenerla a salvo, mientras se ramificaba y florecía hasta convertirse en mil cultos. O, como Cicerón se expresó elocuentemente acerca de los Misterios eleusinos:

“Pues me parece que, entre las muchas cosas excepcionales y divinas que vuestra Atenas ha producido y aportado a la vida humana, nada es mejor que esos Misterios. Pues por medio de ellos hemos pasado de una forma de vida áspera y salvaje al estado humano, y hemos sido civilizados.” M. Tullius Cicero, De Legibus, ed. Georges de Plinval, Libro 2.14.36

Esos Misterios incluían la procesión báquica dedicada a Dioniso. Se representa a celebrantes frenéticos con serpientes en el cabello, despedazando toros con las manos desnudas en memoria de los Titanes que hicieron lo mismo con su dios. Titanes que inicialmente atrajeron a Dioniso con una bramadera, un espejo y una serpiente. Es notable que los misterios griegos pudieran haber sido transmitidos desde antes de la Revolución agrícola. Más notable aún es que alguna versión de este culto pudiera haberse extendido a todos los continentes. Esa es la ventaja: que todas las culturas están entrelazadas de maneras que todavía no comprendemos, pero que podríamos comprender si estuviéramos dispuestos a estudiar la bramadera. Para los antropólogos, esta es también la desventaja. La separación de la cultura euroasiática es una parte importante de la manera en que actualmente se define la cultura indígena. Además, hablar de una difusión mundial también exige conciliarse con las ideas sobre el progreso. ¿Por qué se conservaron las bramaderas en algunos lugares, pero no en otros?

No sabemos por qué los cultos primitivos de todo el mundo usan la bramadera de maneras similares. Pero, cuando reunamos el valor para preguntar cuándo y cómo se comprendió y ritualizó por primera vez la condición humana, la bramadera nos aguardará, dispersa entre museos, historia oral y un siglo de análisis académico, esperando a que alguien arme el rompecabezas.


  1. La ventaja de un blog es la posibilidad de insertar un video en una nota al pie, incluidos vikingos que entran en contacto con sus raíces: ↩︎

  2. Sobre el uso de la bramadera por parte de los caníbales en Australia, véase la Die Bundandaba-Zeremonie in Queensland de 1910. Para un relato sobre Papúa Nueva Guinea, véase Masks of God, de Joseph Campbell, de 1959:

    “El etnólogo suizo Paul Wirz, en una obra de dos volúmenes sobre los mitos y costumbres de estos caníbales cazadores de cabezas, habla de sus dioses —los Dema—, que aparecen en las ceremonias, ataviados fabulosamente, para representar de nuevo (o más bien no «de nuevo», porque el tiempo se colapsa en el «tiempo ceremonial» y lo que fue «entonces» se convierte en «ahora») los acontecimientos que dieron forma al mundo en el «tiempo del principio del mundo». Los ritos se realizan al son del canto incansable de muchas voces, el estruendo de los tambores de tronco ahuecado y el zumbido de las bramaderas, que son las voces de los propios Dema y se elevan desde la tierra.”

     ↩︎
  3. De «Tambour à friction et tambour tournoyant», traducido con chatGPT:

    “En 1956, Marcel-Dubois y Pichonnet-Andral se encontraron con el tambor giratorio en los Pirineos. Tuvieron la oportunidad de observarlo en su contexto. Como en la mayoría de los casos, es un instrumento que se encuentra en manos de muchachos prepubescentes, no por su aspecto de «juguete», sino porque remite a creencias «paganas» muy antiguas que el sincretismo religioso permitió integrar aquí en el rito católico. En efecto, se utiliza antes de Pascua, durante los llamados «días de tinieblas» (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo), los de la pasión y muerte de Cristo, cuando se supone que las campanas se han ido a Roma a la espera de la resurrección del Salvador. Está vinculado con los antiguos ritos masculinos del final del invierno, destinados a favorecer el regreso de la primavera. Al producir sonidos particularmente inarmónicos, si no es que aterradores, estos objetos sonoros producen una especie de estruendo destinado a ahuyentar a las «fuerzas» del invierno para que cedan el paso a la renovación primaveral. Pueden escucharse en este ejemplo sonoro (MUS1956.003.069), captado mientras los muchachos de Betpouey (Altos Pirineos) recorren las calles de la aldea. Con sus tambores giratorios, pero también con sonajas, sustituyen a las campanas condenadas al silencio y convocan a los fieles al servicio del Viernes Santo.”

    La bramadera entre los vascos también se menciona aquí↩︎

  4. El patrimonio genético de los sami conduce a la Siberia de la Edad de Hielo. De manera similar, existen conexiones culturales con el chamanismo siberiano que aún pervive (busquen «Sami» con ctrl+f en esta Wiki). ↩︎

  5. Existe un debate sobre la escritura rongorongo de la Isla de Pascua, un posible sexto invento. Lean la discusión de Stack Overflow con la atención puesta en cómo se entrena a la gente para pensar acerca de la difusión. ↩︎

  6. Vincular a los difusionistas de la bramadera con los nazis también constituye una simplificación excesiva. El difusionista de la bramadera Adolf Ellegard Jensen, por ejemplo, vivió durante el Tercer Reich. Aun así, se negó a divorciarse de su esposa judía y criticó abiertamente al régimen nazi, poniéndose en peligro. No tengo conocimiento de ningún difusionista de la bramadera que estuviera vinculado con los nazis (aunque no leo alemán). ↩︎

  7. Las fechas exactas no se conocían porque gran parte de la datación por carbono tuvo lugar después de los estudios sobre la bramadera. Sin embargo, incluso en el siglo XIX se sugirió que la bramadera había formado parte de la primera religión que se extendió por todo el mundo. ↩︎

  8. Se podría objetar que la religión aborigen es la más antigua del mundo. Pero, de nuevo, la Serpiente Arcoíris solo tiene 6,000 años—es más joven que el culto a las serpientes en cualquier otro continente (salvo quizá África). ↩︎

  9. Su concepción de la progresión de los misterios es interesante:

    «En primer lugar, la bramadera está asociada con los misterios y las iniciaciones. Ahora bien, los misterios y las iniciaciones son cosas que tienden a menguar y a perder sus rasgos característicos a medida que avanza la civilización. Los ritos del bautismo y la confirmación no son secretos ni ocultos; son comunes a ambos sexos, se realizan públicamente, y en estas ceremonias se combinan la religión y la moralidad del tipo más puro. No hay otras iniciaciones o misterios que se espere necesariamente que el hombre moderno civilizado atraviese. Por otro lado, al examinar ampliamente la historia humana, encontramos ritos místicos e iniciaciones numerosos, rigurosos, severos y de carácter mágico, en proporción con la falta de civilización de quienes los practican. Cuanto menor es la civilización, más misteriosos y crueles son los ritos. Cuanto más crueles son los ritos, menor es la civilización… En conjunto, pues, y considerando el tema de manera general, preferimos pensar que la bramadera en Grecia era una supervivencia de misterios salvajes, y no que la bramadera en Nuevo México, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica sea una reliquia de la civilización».

     ↩︎
  10. El título completo del libro es en realidad “The snake-dance of the Moquis of Arizona: being a narrative of a journey from Santa Fé, New Mexico, to the villages of the Moqui Indians of Arizona, with a description of the manners and customs of this peculiar people, and especially of the revolting religious rite, the snake-dance; to which is added a brief dissertation upon serpent-worship in general, with an account of the tablet dance of the pueblo of Santo Domingo, New Mexico, etc.», lo cual sí invita a la crítica. ↩︎

  11. «Sin embargo, una vez que se ha escenificado el misterio central de los ritos de iniciación, que consiste en revelar a los neófitos los medios para producir estos sonidos aterradores, el temor reverencial hacia la bramadera no se extingue ni se disipa de ningún modo. Por el contrario, el elemento del miedo se convierte en un ingrediente de un complejo emocional más rico, correspondiente a la sensación de recibir ayuda misteriosa para realizar el tránsito de la niñez a la hombría—de estar colmado del mana que hace que todas las cosas crezcan y prosperen, del cual la bramadera es el vehículo. Mientras tanto, el vehículo material se distingue vagamente del poder inmanente, de la gracia interior que encarna y transmite, y, en consecuencia, se ha producido un avance hacia un tipo más apropiado de simbolización. Se supone que un ser antropomórfico, semejante en este aspecto a Hobgoblin, pero distinto de él por estar asociado con el poder benéfico puesto en movimiento por el rito de iniciación, del cual se le considera, etiológicamente, el fundador, habla a través de la bramadera; y, además, así como la bramadera es un instrumento para producir el trueno y la lluvia que hacen crecer las cosas, su contraparte antropomórfica se identifica con el dios del cielo que produce el trueno en el firmamento y envía la lluvia efectiva».

     ↩︎
  12. Repite lo mismo en una obra de 1929:

    «Así, Baiame [un “Dios supremo” australiano] tiene tal duplicado y suplente en Tundun, nombre que, según se dice, significa “bramadera”. De hecho, fue principalmente a partir de esta indicación etimológica que propuse a Lang la teoría—que mucho después desarrollé en forma de ensayo—de que todos los Dioses supremos de Australia, tanto los prototipos como los ectipos, fueron originalmente bramaderas—no fabricantes, por tanto, tanto como, específicamente, fabricantes de lluvia. (1929:13)»

     ↩︎
  13. La rueda de la historia giraba impulsada por las contradicciones de la época anterior. Los supuestos culturales (la tesis) eran contrarrestados por una antítesis, que, junto con aquellos, se sintetizaba en la época siguiente. ↩︎

  14. Recuerden que fue Lang, allá por 1885, quien argumentó en contra de la difusión de la bramadera porque es el instrumento que la mente salvaje inventa una y otra vez. Esto se reformula como la posición no racista en los libros de texto actuales, mientras que la monogénesis es denigrada. ↩︎

  15. Por ejemplo, considérese el siguiente párrafo:

    «Aunque la bramadera está documentada en muchas culturas, quizá es más prevalente en las culturas de Australia y Papúa Nueva Guinea. La bramadera es parte integral de los ritos de iniciación masculina en muchos grupos aborígenes australianos y por lo general, aunque no siempre, se mantiene en secreto para las mujeres. Entre estos grupos se encuentran los Antakirnya,21 los Arrernte,22 los Bād,23 los Diyari,24 los Gunai,25 los Kamilaroi,26 los Karadjeri,27 los Keeparra,28 los Mayi-Kulan,29 los Murin- bata,30 los Narungga,31 los Walpiri,32 y los Wurundjeri.33 En Papúa Nueva Guinea, se ha documentado el uso de la bramadera en ritos de iniciación masculina, que por lo general están prohibidos para las mujeres en grupos como los Bariai,45 los Bena Bena,46 los Bukaua,47 los Dugum,48 los Ila- hita Arapesh,49 los Kaliai,50 los Koko,51 la población de la isla Kiwai,52 los Lak,53 los Marind-anim,54 y los Ngaing,55 y los papúes de Trans-Fly.56 A las mujeres Bariai se les amenaza con una violación tumultuaria si presencian la iniciación masculina o ven la bramadera;57 a las mujeres Ngaing, por otro lado, se les permite ver la bramadera siempre que no se la haga girar.58 Entre los Kiwai, la bramadera se llama madubu, que significa “soy un hombre”.59 En muchos grupos de Papúa Nueva Guinea, incluidos los Bukaua,60 los Ilahita Arapesh,61 los Kaliai,62 los Koko,63 los Lak,64 y los Mundumagor,65 se describe la bramadera como la voz de un ser sobrenatural… Entre los [Kiwai,] Bariai y Kaliai se encuentran inversiones masculino-femenino.77 En el mito Kaliai, hubo un tiempo en que los hombres tenían senos y cuidaban a los niños, mientras que las mujeres poseían el conocimiento de la bramadera. Su héroe cultural Kowdok entregó la bramadera a los hombres y dio los senos de los hombres a las mujeres».

     ↩︎
  16. Véase The Birth of the Gods and the Origins of Agriculture de Jacques Cauvin, un arqueólogo especializado en el Neolítico precerámico del Cercano Oriente. ↩︎